El blues de Langston
“Oh canciones de la Sangre del Río, oh canciones del Río de Sangre”, dejen que me recueste. Que mis palabras recuesten el sonido en las bocas de los hombres que repiten invocaciones puras y perfectas como un gemido que crece en la boca de Bessie Smith. Blues para los ángeles que echaron del cielo. Blues para los ángeles que todavía los extrañan. Blues para mi gente y el agua que conocen. Oh bebedores exhaustos que beben del río sangriento, ¿por qué ir al cielo cuando Harlem queda tan cerca? ¿Por qué cantarles a ríos cuando extrañamos a nuestros propios padres? Me acuerdo del mío y siento el gusto de una mancha como de sangre que acecha el cuerpo de un hombre perseguido por una multitud. Escribo cómo corre, cómo suda: miren, se trepa a un álamo en busca del cielo, pero no es más que cielo. ¿El río? Síganme. Ya verán. Intentamos volar y nos dimos cuenta de que no sabíamos nadar. Querido río cantor lleno de mi sangre, ¿se nos oye tan fuerte bajo el agua? ¿La sangre es lo que une a los hermanos? ¿O es el Mississippi que circula por la vena más gorda de Estados Unidos? Cuando digo casa, quiero decir que quería escribir algunos versos. Quería escuchar el blues, pero acá estoy nadando en el río otra vez. ¿Qué circula por las venas gordas de un cuerpo ahogado? ¿A cuál Estados Unidos puede llamarle a un cuerpo casa? Cuando digo Congo, quiero decir sangre. Cuando digo Nilo, quiero decir sangre. Cuando digo Éufrates, quiero decir, “Si supieras la sangre que tenemos en común. Tanto es así que en Louisiana, a alguien como yo le dicen rojo”. Y rojo era demasiado oscuro para mi papá. Y mi papá era demasiado oscuro para Estados Unidos. Se escapó como un hombre de mi madre y de mí. Y el llanto de mi madre son las canciones de Bessie Smith que se pone más plumas que la muerte. Oh la muerte que mi gente se niega a morir. Cuando tenía 18, escribí el río aunque no podía ganar una carrera, me trepé a un árbol ese invierno y me caí, la boca roja y mojada contra el suelo. Verso a verso, leía todo el tiempo. Pero “no podía hacer nada con la raza”.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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