sábado, 8 de febrero de 2025

María Negroni (Rosario, 1951)

 

 

La pérdida

 

Dejar que los barcos maltrechos lleguen a la playa. Olvidar el ulular 
de un viento erizado de algas, esos pájaros de alas tensas a orillas 
del silencio. Para qué perpetuar los naufragios: en los textos de 
naves el horizonte no existe. La mañana es clara. Una mujer bella 
y joven (parecida a Scarlett O'Hara) tiende ropa al sol. Canta, pero 
su boca no se mueve; una cierta armonía en rojo y malva, apenas, 
como en un cuadro de Memling, un efímero acuerdo entre la luz y 
sus manos. El jardín da a una casa de maderas blancas, pequeñísima. 
Un hombre hace el amor adentro con otra mujer. Y yo que miro todo 
desde la infancia, yo seducida ya entonces, el corazón calcinado, de 
tanto estar cerca una ausencia, el mismo miedo, la misma alegría 
intransitable. Me invade una rabia y giro hacia el océano. En un 
silencio plomizo, ominoso, primero veo un barco, y después otro y 
un tercero. Empiezo a gritar que hay que hacer retroceder a esos 
barcos. Como animal tardío, como joven que no ha viajado nunca, me 
transformo en soldado. Ya no dejaré de empujar barcos al océano. Los 
barcos volverán a sus rutas de ceniza y no habrá cambiado nada.
 
*****
 
(Fuente: Daniel Rafalovich)

 

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