De 'La ciudad de los estoicos'
3
Luces blancas y celestes en pasillos de espejos
con el sonido de bucles y chicharras de las máquinas electrónicas.
Ciudad tenue y aguda donde habita el espíritu
que ha perdido el pensamiento.
Pequeño entre las naciones porque he vivido en rocas hendidas,
hologramas me llevaron adonde había zumbidos y monedas.
¡Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú!
Sus tesoros escondidos fueron buscados.
En los burgers comen y leen diarios y cotorrean.
Y nadie entiende las noticias que repiten el crimen
multiplicándose en pantallas infinitas.
Todos pueden entrar y salir.
El odio acabará con algunos y les tomará fotos.
4
En los labios se gasta la palabra amor.
Los televisores repiten la palabra en silencio.
La civilización ha encontrado la eternidad.
Televisores y objetos metálicos, puertas y vidrieras
Repiten la imagen de millones de labios que dicen amor.
Cantan los equipos de refrigeración, los pasos
en una escalera, un reloj, la caída de un vaso
descartable. En el silencio de Elba la mente imperial
ha hecho contactos cerebrales, dos, tres, cuatro.
Ha organizado la aritmética de una gesta.
Y de eso se olvidaron los que almuerzan, eructan,
y miran desde edificios de vidrio los barrios arruinados.
5
Samurai
Te pido me perdones, porque he ido y venido
De los cables al paredón, como la mosca,
En una epopeya maniática.
La humanidad que parece un vasto programa
Me extravió en sus circuitos repetitivos.
Rindo el sable a tus pies.
Su filo ha podido cortar tu chal en el aire.
Me entrego a tu vastedad.
Y no he podido comprender.
6
Abdías : 11
El silbido de la épica en el mingitorio.
Las cañerías que cantan la dicha suprema
de medir palmo a palmo el silencio
y ponerle suturas maestras al Espíritu Tormentoso.
Atrapado en la red de sus cañerías, el viento
no alivia ya la ciudad de los macaneos.
Ante sus puertas, sus enemigos la entregan a las habladurías.
Y vos estás entre ellos.
8
Será que la vacuidad los retuerce, pero hablan.
En esos bares vidriados y en un hall de invernadero.
Cada día dicen lo que han dicho.
No construyen pagodas como hechos psicológicos
sino el abracadabra de los contactos esporádicos.
“Me lo dijiste ayer”. “¿Te lo había dicho?
“Me gusta que la gente se enamore y tenga hijos.”
“La crisis de la pareja, ya hablamos de eso.”
“En tanto se resuelva, me gusta que la gente...”
“Ya hablamos de eso.”
Trasbordo. Tomo el tren eléctrico. No veo hoy
la sombra del milano, ni mañana la veré;
la raya atareada en su aleteo entre los manglares
no percibe que la trompa está a punto de sonar
y que el ángel liberará el sello; siempre a punto
de sonar, mientras las señales electromagnéticas
perforan nubes y ciudades, rebotan, repican, crean
el universo sustituto, para cuando no estés tú, ni yo, ni aquellos,
y una almería seca, ritual, sea recorrida por alelados.
9
“... y en el centro de la ira
está fuera de peligro.”
W. H. Auden
Tienen el poder abstracto grabado
en su lenguaje rápido.
Mas aquello es el poder,
y esto la difusa evocación de la cocina
en las que éramos rey.
En la lapa de las palabras estancadas
nuestro reino cabe,
con piel de cabra y con palo armado.
Ellos no disputan esta llave
que cuidamos con espanto,
pues nada abre.
Saqueada fue la ciencia
y el secreto destazado.
Las ocultas claves,
los nichos de la sabiduría, el jardín cerrado,
la relación entre el impulso íntimo y el álgebra divina
contada en mosaicos y catedrales;
el insistente círculo, las arquitecturas;
el que indicaba con dedo luminoso
los arcos en los que debíamos perdernos:
todo ello es vendimia pisoteada
y la cólera del rayo no destilan
nuestras gotas de sudor perdido
en el afán con que nos movemos
para lograr cambios de ideas,
mientras razonamos y cambiamos
nuestras ideas acerca de lo que debería cambiar.
Sucios beduinos, carne de derruido hospital.
10
Como si miraras tanques de petróleo
que un ángel lelo y laborioso esparció
sobre arenales y pedregosos terrenos,
así esta Babilonia tiznada y refractaria
mirarás cada mañana, asediada
por su propia extensión, rodeada
de casamatas y campanarios,
atravesada por maquinaria rodante,
autopistas y vientos, atoradas
las alcantarillas, sucio y roto el pavimento.
La abrupta interrupción de una idea,
el ataque caníbal a los dioses meditativos
se repite en el inalcanzable escenario.
¡Por Dios, no arrojes al barro tibio de la indecisión
la espada que brilló en el sueño!
Una construcción nunca terminada,
cuyo esqueleto en invierno ennegrece
ocupa la ventana de la fonda en la que almorzás
pan, vino, carne de un desmesurado sacrificio.
"Máquina de faro". Ediciones del Dock. 2006; "Poesía reunida", Ediciones En Danza, 2020
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