sábado, 14 de diciembre de 2024

Miguel Gaya (Buenos Aires, 1953)

 

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HE SIDO UNA ARAÑA PACIENTE

 

He aguardado
mi recompensa, mi comida,
suspendida en la nada del tejido más leve,
entre dos árboles, sacudida por el viento del anochecer
y por la duda.
Nunca desfallezco,
nunca
acecho
en vano.
 
Pero antes
he elegido ser
un sapo
confiando ciegamente en el amor, en el verano,
en las recompensas que la belleza entrega
al que se fía de ella.
 
Y antes fui una cigarra
impenitente y necia,
en el calor que sofoca,
insistiendo en la música,
recurrente como un ciego que solo supiera tres notas,
tres colores
del mundo
para dar cuenta de la vastedad del mundo.
Una música sacra y tonta
y repetida.
Y así y todo porfiara en esas notas
deslucidas
para que el mundo me escuche
y diga
acá me cantan.
 
¿Cómo decirte? Me confío
contra toda evidencia.
 
Las mariposas monarcas,
por ejemplo.
Son tan tenues.
Viven hasta nueve meses,
viajan
hasta cinco mil kilómetros
mueren
por millones
e insisten
e insisten
en su aleteo.
*****
 
 

EL MAR

 

Lo que trae el mar
parece estar
todo acabado,
todo roto,
irreconocible
o que da cuentas
de un mundo a pedazos,
molido por una fuerza
insensata.
Si acaso hay suerte
vendrá entre despojos
un caracol pequeño
y delicado
o alguna otra cosa de inexplicable belleza
abandonados por capricho
entre algas marchitas
y mejillones.
Hay que estar atento a esas señales
que hablan
al menos para nosotros
de algo de lo que pasa
en lo inmenso.


(Fuente: Tema: Poesía)

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