Quien tiene
la tortuosa
impasibilidad
es Fausto
y no Newton.
rompió con la ley
que no se promulgó
en un congreso
o en la inoperancia
que le zampó
algún tirano
revestido
de guantes criminales,
voluntad inobjetable
y puños y sangre;
digamos,
regla social
que se adjudica
cierta justicia y beneficio
para todos y que no es de nadie,
que se emperifolla
con aquello
de que la materia
es impenetrable
y que un cuerpo impide
que otro ocupe su lugar
simultáneamente.
El segundo,
barajustado
de números,
malos ratos
y gravitaciones,
estupefacto,
vio como piedra y diamante
abrían sus pétalos
ante la insistencia
del hombre y su pluma
y tinta clara
- aire de primavera,
gramática y acento-
acurrucado
entre grietas no atómicas,
y pactos exentos de escribanos,
traficaba su libertad,
desprendiéndose
del cuero, el hueso y el vómito
con amuletos, pulseritas coloradas
y ese perfume gentil
que sólo emana
de entrarse a la renta
y el agua en bruto
que un monigote de mandinga
expone, propone
y se carga el alma.
-Inédito-
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