LAS CONSEJAS
Las consejas se sientan al amor de la lumbre.
Por las puertas cerradas entran cuando anochece...
o desde los rincones donde están, muchas veces,
quietas y acurrucadas,
con una voz emergen,
y entre los personajes reales,
sus seres incorpóreos se hacen presentes.
Tiempo arriba caminan (o se arrastran o vuelan)...
Andan de contramano por las horas corrientes,
porque de otra manera no hablaría el silencio,
la noche quedaría despoblada de duendes,
y de nuevo la fábula sellaría los labios
junto al alma marchita del bosque y de la fuente...
En que cierras los ojos para ver lo imposible,
y del silencio escuchas el lenguaje perenne,
y lo que es más, regresas tiempo arriba,
sin saber lo que buscas (¡pero vuelves!),
si te sientas conmigo junto al fuego,
mientras la tarde cae lentamente,
verás surgir el polvo de los días antiguos,
silencio tras silencio, la ciudad de los duendes.
(Fuente: Daniel Edgardo Petasne)
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