LA ESCENA MÁS TRISTE Y TAN HERMOSA
.
He visto a un hombre arrodillarse sobre un prado.
Jardinero que riega una flor subterránea
como si fluyera de su propio ser.
Estoy cerca de él, pero él
está lejos de todos y de todo.
Y sin embargo habla ¿Con quién habla
este hombre que no habla con nadie?
Habla con alguien que fue él
y ahora es sólo parte de él y de la tierra:
lo increpa, ruega, lo maldice,
le golpea la cabeza con un por qué:
¿por qué / por qué / por qué / por qué?
y no sabe –ni yo— ni nadie sabe
qué decirle a este hombre que una tarde
-domingo en Concepción- riega su hija
y le deja una flor
y un caballito blanco de juguete
para que vuelva a casa por la noche:
𝘤𝘢𝘣𝘢𝘭𝘭𝘪𝘵𝘰 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘰
𝘭𝘭é𝘷𝘢𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶í
𝘭𝘭é𝘷𝘢𝘮𝘦 𝘢 𝘭𝘢 𝘤𝘶𝘯𝘢
𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘺𝘰 𝘯𝘢𝘤í.
Y de noche la sueña: y en sueños se levanta
y la cubre, porque llueve en el sur,
–ay, cómo llueve en su lecho de trébol—
y yo sueño con él, lo sueño niño
y en sueños se hace hombre
y se arrodilla sobre un prado
se dobla como herido a bala
–con todo el peso del dolor se alza—
Y en sueños le pregunto ¿cómo? ¿cómo?
Y no sabe –ni yo— ni nadie sabe.
.
De: "𝘌𝘭 𝘴𝘩𝘰𝘸 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰𝘴"
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
No hay comentarios:
Publicar un comentario