sábado, 7 de diciembre de 2024

Antón Lopo (Oviedo, España, 1961)

 

LAMPÍRICOS  (fragmento IV)

 




Voy en busca de un poema y me encuentro a Lopo bebiendo vino de Vilachá 
en una taberna. Nos saludamos y me invita a su mesa.

Él dice que el vino de Vilachá tiene sabor a pizarra y densidad de madroño.

Pido de su vino para comprobarlo y, efectivamente, percibo la pizarra y el 
madroño,

con notas adstringentes que me recuerdan —me hago el interesante— 
a las… ¿moras?

“¡Exacto!”, se reafirma Lopo y, ya más confiado, me explica que está 
a tratamiento.

Los párpados y la arrugas, acumuladas las arrugas en la comisura de 
los labios —como el envoltorio de un caramelo— certifican temporadas 
de desorientación.

“Y además —añade— me he quedado en el paro”. “¡Increíble!” —me pasmo.



Después de una larga conversación le pregunto si como poeta busca la belleza.

Él responde que no busca nada y arquea las cejas, “espero con paciencia 
botánica”.

Yo —tal vez instigado por el vino— le sostengo la mirada, “hay plantas que 
esperan a sus presas”.

“Claro —sonríe—, las plantas carnívoras… ¿Pero usted cree que las plantas 
carnívoras son más inteligentes por el simple hecho de ser carnívoras y esperar?”

“Al parecer —me dejo llevar por el desafío de su serenidad—, el consumo de 
carne, el canibalismo, fue esencial en el desarrollo del cerebro humano”.

Él pone los ojos en blanco, “fíjese usted… Existen plantas carnívoras pero 
no existen plantas herbívoras. Las plantas no se comen entre sí”.

Nunca había reparado en esa cuestión y le digo “reconozco que es una cuestión 
en la que no había reparado”.



“Pues es una cuestión inquietante: alimentar a las especies con la carne de su 
propia especie. Ahora se estila mucho. Los ingenieros aseguran que así las especies 
producen más.

Siempre me he preguntado si cuando comes carne comes la memoria de esa 
carne. Si hay una memoria que está en la carne y no recordamos.

Una memoria que nos transforma, como toda memoria, pero que no forma 
parte de nuestra experiencia sino del hambre de nuestra especie”.

“¿Habla usted de una casta de supervivencia?” “En absoluto, querido amigo.

El escritor que espere la inmortalidad es un necio. Hablo de canibalismo… 
El canibalismo… La especie… La especie, ¿sabe?”.


Antón Lopo. Lampíricos (Diarios 8). Letraversal Ed. 2024

 

(Fuente: Voces del extremo)

 

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