Soneto estadounidense para mi asesino del pasado y del futuro
Suponemos que la Srta. Dickinson es como la amante abandonada de Orfeo & que también le encantaba masturbarse cuchicheándole a la muerte un arrorró triste, oscuro y solitario. Como en el poema de Galway Kinnell sobre San Francisco, que con solo tocarla hizo entrar en éxtasis a una chancha, imagínense lo que sería provocarle a cualquier criatura los estertores del orgasmo. Si le ponés la mano encima a un mir- lo, vas a ver cómo el mirlo se vuelca & se hace añicos como un frasco de tinta. Si le rozás la oreja a una desconocida, la mandíbula & los ojos & los dedos se le retuercen de manera triste & oscura. Si, como un oso de un poema de imágenes profundas, sacás a un pez del río con una de tus garras, vas a sentir sus convulsiones como la carne inundada de sangre y la tristeza oscura y aplastante de tocarte hasta la Muerte.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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