viernes, 15 de noviembre de 2024

Gelindo Casasola (Udine, Italia, 1956 - Venezuela, 1980)

 


gelindo casasola poemas

 

 

Niña que vuela una cometa

 

Has subido tanto muy cerca de los órdenes
angélicos, que quizá hay en ti
un hastío por las cosas elevadas.
Hablo del cometa.
Pero las trenzas flotan
con un encanto tal vez humano y
– me pregunto– ¿no ascendiste
también tú con ese pájaro en alguna ocasión
equivocadamente?


 

Apocalipsis

 

La cabalgata más extraña
de jinetes salpicados de mar
y de agosto,
sobre la tierra asolada,
profundiza su muerte.

1975


 

Las espigas crecen
hacia el cielo sin
nubes,
como crece el crepúsculo
al borde de la noche.

1976.


Amo tu amor
por esfuerzo
y no por deseo.
Comencé con el
eco
y tú y yo nos hicimos
verdaderos
y falsos.

1977.


 

In memoriam

 

¿Acaso has muerto en verdad, Leopardi,
que el aire no sostiene pensamiento tuyo
ni su deseo?
Los pinares crecen en verdor justo
hacia celeste sencillez,
tú no puedes ser menos.
Recuerdan tu gloria en el pueblo
y hablan de ti conocido.
Ignoras creerlo, ¿no es cierto?,
pero un libro tuyo abandonado en el parque
es más que un libro.


 

Luego del verano

 

Luego del verano nos abatimos sobre la vida
sin deseo.
Pasa la lluvia oscura y la entrega
no es otra cosa que una resistencia
perfecta de los días.
¿Qué del verano nos recuerda la muerte
y su gravedad?
Comenzaremos entonces la migración
que termina lejos en el aire.


 

Odessa

 

Aunque nunca estuve en Odessa
Recuerdo la ciudad y su vida.
Esperar llegar a ella es inútil
porque nunca ha existido
y tan sólo sombras son sus muros
proyectados al mediodía.
Vacía es ella.
Nosotros la recordamos.

1977


 

Poema fantástico a una ilusoria caminata

 

Porque hoy no ha llovido como otros días
podemos bajar por estas calles claras
donde ni el rumor de los tranvías
ensordece. Ha anochecido.
Esperábamos quizá algo antes de la quietud,
pero las avenidas son rectas y vacías
siempre hacia el mar.
La noche huele a melocotoneros.

1977.


 

A una bailarina

 

Tu forma suave en el aire
y la inútil soledad que muestras
te hacen tierna y sensitiva,
pequeña bailarina que no descansas.
¿Qué cielo conoces mientras vuelas?
porque nada de nosotros seguramente ves
allá en tu alta magia,
cayendo siempre sin caer.
¿Ves? Eres leve
para estos ojos que te miran celestes.

1978


 

Ruiseñor huido

 

Hecho de ángeles sube el ruiseñor
semejante a mi medida.
Ha escapado de una jaula vacía
hacia algo que ni él mismo conoce,
convertido ya solamente en canto y aire.
Pequeño ruiseñor,
¿por qué vuelas en alas deshechas
y nos miras con frágiles ojos?;
somos tu paisaje, ¿acaso?
¿Lo somos?

1978.

 

(Fuente: Vomité un conejito)

 

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