La verdadera lucha es con el duende.
La llegada del duende presupone siempre
un cambio radical en todas las formas. Sobre
planos viejos, da sensaciones de frescura, totalmente
inéditas, con una calidad de cosa recién creada, de
milagro, que llega a producir un entusiasmo casi religioso.
(…)
el duende no llega si no ve posibilidad de muerte, si no
sabe que ha de rondar su casa, si no tiene seguridad que
que no tendrán consuelo.
La virtud mágica consiste en estar siempre enduendado
para bautizar con agua oscura a todos los que lo miran,
porque con duende es más fácil amar, comprender, y es
seguro ser amado, ser comprendido, y esta lucha por la
expresión y por la comunicación de la expresión adquiere
a veces en poesía caracteres mortales.
Hemos dicho que el duende ama el borde de la herida y
se acerca a los sitios donde las formas se funden en un
anhelo superior a sus expresiones visibles.
(Fuente: Reynaldo Jiménez)
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