TIERRA DE AUSENCIA
En el centro la reina, llámese verdad, razón, justicia, líder, dios.
Por sus ojos dos rosas de pestañas cerradas.
¿Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa?
Las ondas que se adhieren al barro, a los cuerpos,
se abrazan con su aire, se esparcen por caminos,
penetran los suburbios, las fronteras,
se extienden por los valles y las cumbres,
alcanzan la estratósfera y rotan con la Tierra,
se orbitan hasta en el alma del oscuro vacío.
Nosotros, sacos de huesos de costumbre,
en frecuencia de circuito cerrado,
carrusel centrífugo en vendaval de incertidumbre.
Como ciegas hormigas siguiendo el rastro de feromonas
de su soldado antecesor.
Círculo de la muerte donde caemos una a una por agotamiento vital.
¡Cordero de dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de
nosotros!
Como no plantar bandera frente a esta adversidad y destituirla.
Como no ser la hormiga que toma su paraguas de independencia y se
corre a su isla secreta atravesando la arteria de su sangre en llamas.
Para ser, solo para ser, para saberse hormiga será y habrá sido hasta
donde nadie podría ser.
Que ya pasó el tiempo de hogueras y patíbulos, salvo las que nos
abrasan por dentro.
Que soy mi propia reina madre agitando el pañuelo de la soledad.
Que soy mi propio desierto estelar incomunicado.
Para montarme en mi cordero revelado en rebeldía de tu circunferencia
macabra y procaz.
¡Cordero de dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz!
Qué incongruencia.
No seamos huérfanos de nosotros mismos.
Démonos a luz.
Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
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