miércoles, 13 de noviembre de 2024

Claudia Dabi (Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina)

 

TIERRA DE AUSENCIA 

 

En el centro la reina, llámese verdad, razón, justicia, líder, dios.
Por sus ojos dos rosas de pestañas cerradas.
Una emisora de frecuencia modulada estereofónica de eternidad monótona y causídica.
¿Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa?
Las ondas que se adhieren al barro, a los cuerpos,
se abrazan con su aire, se esparcen por caminos,
penetran los suburbios, las fronteras,
se extienden por los valles y las cumbres,
alcanzan la estratósfera y rotan con la Tierra,
se orbitan hasta en el alma del oscuro vacío.
Nosotros, sacos de huesos de costumbre,
en frecuencia de circuito cerrado,
carrusel centrífugo en vendaval de incertidumbre.
Como ciegas hormigas siguiendo el rastro de feromonas 
de su soldado antecesor.
Círculo de la muerte donde caemos una a una por agotamiento vital.
¡Cordero de dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de 
nosotros!
Como no plantar bandera frente a esta adversidad y destituirla.
Como no ser la hormiga que toma su paraguas de independencia y se 
corre a su isla secreta atravesando la arteria de su sangre en llamas.
Para ser, solo para ser, para saberse hormiga será y habrá sido hasta 
donde nadie podría ser.
Que ya pasó el tiempo de hogueras y patíbulos, salvo las que nos 
abrasan por dentro.
Que soy mi propia reina madre agitando el pañuelo de la soledad.
Que soy mi propio desierto estelar incomunicado.
Para montarme en mi cordero revelado en rebeldía de tu circunferencia 
macabra y procaz.
¡Cordero de dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz!
Qué incongruencia.
No seamos huérfanos de nosotros mismos.
Démonos a luz. 
 
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          Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina

 

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