DOS POEMAS
Todos los caminos llevan a La Casa de Dios
pero no de la misma manera.
Si vas hacia el sur, acabas en el norte,
si vas hacia arriba, terminas abajo
y si vas hacia abajo, arriba.
De lo que sin embargo no se infiere
que vayas a llegar allí si te limitas a permanecer inmóvil.
La matemática es para los ordenadores.
La Casa de Dios es para el agua,
higueras, serpientes y burros
y gente que tiene la facultad
de reírse de lo obvio.
Cuando entré en el cementerio
que hay detrás de La Casa de Dios
de una tumba se levantó el enterrador
y me asustó.
Pero el enterrador se rio
y dijo tranquilizador:
—No eres tú el que
ves. Soy yo
que salgo de mi tumba.
Pero si me das
un cigarrillo te enseñaré
tu tumba. Por dos cigarrillos
te entierro
y por tres te dejo salir de la tumba.
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de "Guds Hus" [La Casa de Dios], en "Nuestro amor es como Bizancio", Lumen, Barcelona, 2003 / Debolsillo, Barcelona, 2010. Trad. del danés, Francisco J. Uriz.
(Fuente: Gperegino Navarro Irízar)
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