Exilio
Mis manos no tocaron placer desde las tuyas,
ni mis labios soltaron risas desde el adiós,
y con el día crece otra vez la distancia,
sin voz, un caracol desenrollado, entre ambos.
Pero el amor perdura, solitario y hambriento.
Cada noche me aferran con urgente dulzura
el corazón dos alas de paloma, y la piedra
engarzada en mi anillo gastada brilla más.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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