sábado, 20 de mayo de 2023

Jorge Ariel Madrazzo (Buenos Aires, 1931 - 2016)

 

Como a quien le llora el agua

Lo confieso: me gradué de mago en lloviznas
cierta noche, bajo un insolente sol,
y entre aquellas raras nubes, en el mirador
del rascacielos Comega, ya memoria.

Por Corrientes angosta gemía
un carro abrumado por troncos
o monstruos
Las damas lucían sus capellinas

Esa noche, en el añoso bar Los Laureles,
vivamos a Corsini, postergamos a Gardel

Fuimos cosacos ebrios
echados sobre el piso de estrías y
lamparones negros

me dijiste no sé dónde voy a dormir
me dijiste perdí el conchabo
me dijiste no tengo mujer
me dijiste voy a pegarme un balazo

La bombita de luz caía como una mosca
le inventaba la oscuridad
al hombre solo, babeante,

que decía: mi destino es la llovizna.

Recostarme acuoso en la vidriera

Que mi miseria
                   perfume a mar.

(Inédito)

 

 

L’autre

Quien lo observara caminar, y quien
el merengue danzar (bien recto el torso,
a su fémina ornando dulce alcurnia),
quien por forniques lo juzgara un sátiro
—algo venido a menos, reconócelo—
o lo acompañe en tragos verdiazules
donde amistad escarcha sus blasones
no diría —ese quien— que él es un otro
mal abrigado en fingidor pellejo,
deshaciéndose en gajos a ojos vista
alistado a morir por vez primera.
Para amar a una deidad, Plus Ultra, Buenos Aires, 1995.

 

 

Tanguito

Ah ecléctico ardor otoñal
Donde Ella se desnuda o viste
Y Alguien vela cántaros pacientes
Para que no se incendie el sol.
Lo que es, fue lo que será:
Tristes cadáveres hermosos
Sueñan hoy lo soñado ayer.
Desencarnan pálidos rostros.

Alzan los poetas un signo
Inscripto en no existente muro
Ávido de espectros y geranios
Bailarín de un baile inmortal.
Beben ellos mil vinos como
Quien juega su vida en la copa.
Enhebran entreveros roncos
Deshechos en cuevas de sombras

A que desaten de mis venas[[1]]
Goce el amor agua la sed
Auxílienme las manos de Ella.
Y estalle el poema en su pie.

Cuerpo Textual (Edic. LAR-Chile 1987)

 

 

Lo juro

El rayo azul en el teléfono seré
las fauces seré de la sed   el cántaro seré
bajo los oros de la
leche   el jadeo seré
de los soldados que agonizan
en la estepa en Rusia
el frenesí seré    la mano desencarnada por
la oscuridad   seré
      el malamparado que las madres temen
el que te amará un invierno como
nadiejamás.
El que no dormirá seré por inventarte
en la brusca noche    seré los ojos
que te harán sollozar.

No me hallarás en el sótano    en el alcanfor.
Temblaré en el pórtico de las desapariciones.
Viviré en tu sueño   Y cuando no me sueñes
acaso sea
que Aire no moje ya mi boca.

Pero igual ella   seguirá cantando
mismamente
todos los siglos por morir
la sorda música invisible   de tu nombre.

Ayer decías mañana (Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aiores, 2012)

 


Poemas de viejo

I

EN la alta noche
el minutero no te da tregua
martilla en tu desazón.
Flota en el muelle ese vaho
o neblina.
Tu barco, el intruso, navega inadvertido.
Has vuelto a la comarca,
            a lo ya ido, entre tornados de mil
kilómetros horarios     perros de caza
negras aves predadoras
contra tu corazón.

No es, pues, el instante ideal
para leer a Wittgenstein a
Marx.
Sonrojarte por torturas
calvarios
crímenes de ayer

Por ejemplo aquella fiel mujer y sus manos
en alto basta basta
Por ejemplo frente a tu cama
vagas formas incoloras
condenándote cada noche 
(sin piedad)

a la pena capital.

En la noche
en cualquier noche

un minutero insomne 
no te da tregua: martilla

interrogantes
terrores sin
respuesta.

 

II

LA noche vigila al viejo
en el balcón:     él va a rociar

sus  mieditos      uno a uno
aunque finja    estar regando

los malvones      no tan viejos
que el verano     marchitó.

 

III

Y retorciéndonos de risa   
ayer noche nos fugamos
¿recuerdan   locos compañeros?
del hospital
         de ancianos
(ah   revivir lebreles   
correrías
         néctares
              del verano)
No bien clareó   burlando a los guardias de corps   
hemos raptado    cada uno
a nuestra bella colegiala
de falda cuadrillé    tableada   

La ocultamos en los costurones     del
poema.

Bien lo sabemos    éstos son
los tangueros espasmos del adiós, mas
no dejaré de abrazarte, mi Niña, no
podrán arrancarme de vos    de este
estremecimiento    u    obstinación     de 
abuelo amador    de esta húmeda
humedad que eterniza costillas    de tu
almar    que me sumerge en tus senos
en tu mirada me    sumerge por los siglos de los siglos    y

Olvidé decirlo: la radiante aventura no
fue coronada   por la felicidad ya que

éstas    mis memorias    borroneo   
hundido en mi cubículo del hospital de
ancianos    castigado por revoltoso en
un cepo    castrador   y hasta la foto
tuya me han confiscado    ojos únicos
los tuyos que me gritan    y

gritan    volvé a adorarme mi viejo
querido    volvé a raptarme    por favor     
como ayer

Lo invisible (Editorial Lamás Médula, Buenos Aires, 2014)

 

(Fuente: La Púrpura de tiro)

 

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