ABEL
ABEL
el pastor conduce a sus ovejas
adonde hay hierba y agua
mientras ellas pacen
y bajo la copa de estos se protege de la lluvia
el labriego se inclina sobre la tierra
levanta la mirada hacia el cielo
a la espera de la misma lluvia
por la que reza cada noche
recordando tiempos de sequía
si hubiese vuelto la cabeza
hacia mi hermano
si aquel cordero que a punto estuve
de dar en ofrenda
no me hubiese distraído
con su queja
quizá mirándolo a los ojos
le habría hecho comprender
que nuestros caminos
no tenían por qué estar a merced
de la inescrutable voluntad
de quien más cruel es
con quien más asiente
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J. G., inédito
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