UN POEMA DE LA LENTITUD DE LOS CREPÚSCULOS
ENMIENDA A LA TOTALIDAD
Alguna vez fue árbol, con profundas raíces,
otras, sólo un vilano que, a merced de la brisa,
se asemejaba a un nómada,
siempre aquí, siempre allá, siempre en fuga,
incómodo habitante de ningún lugar.
Supo reconocerse en todos los caminos,
también que el mundo es ancho y casi siempre ajeno.
No atravesó montañas ni se adentró en los bosques
que, según la leyenda, poblaron su niñez.
Su obsesión era el mar y sentarse en la orilla
dejando que las olas muriesen a su lado,
igual que muere el tiempo cuando nace el amor.
Y ahora, cuando cansado del viaje,
ve que se acercan cúmulos y el cielo
parece despedirse de la luz, comprende
que el sol siempre renace desde los escombros,
por las ennegrecidas grietas de la noche,
como si nada hubiese sucedido.
Jenaro Talens
La lentitud de los crepúsculos
Libros de la hospitalidad
Olé libros
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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