domingo, 7 de mayo de 2023

Cristian Aliaga (Pcia. de Buenos Aires, 1962)

 

EL CUIDADOR DEL OSO 
 

El Circo del Estado de Moscú tiene función en Inglaterra.
La comparsa dura más que el Estado de Stalin, su continuidad
ignora el derrumbe de cualquier muro. Es de otro material
o espíritu esta gente, no necesita lamentar gulags para
divertir a Occidente. Es precario este Estado, un remedo
que viaja lejos de su origen para mostrar lo que no tiene y
sugestionar un poco a los presentes con prestidigitación y
paraísos de cartón piedra al alcance del nuevo proletariado,
que aquí aún paga la entrada. Quedan equilibristas, damas
de a caballo y domadores de animales irreconocibles.
Al circo le cuesta regresar a Moscú, y se sospecha que el
viaje es un anuncio que se postergará para siempre. En
los camarines del antiguo presentador, viejos banderines
del Spartak; fotos de Gagarin y Trotsky. El público inglés
aplaude a los animales por compasión, y el payaso ruso les
resulta feroz. El cuidador del oso me dice que la vejez acosa
al animal. Es lo único auténtico de este circo, insiste. Todo
durará mientras viva ese animal de Siberia.
 
 
 

LA OVEJA

¿Levantar la cabeza?
¿Dónde cree que estamos, en la Patagonia?
Samuel Beckett
 
 
Atrapada por el cuello al alambre de púas, un mal movimiento la degollaría. La oveja desliza milímetros su cabeza hasta quedar inmóvil a la espera de una solución que escapa a sus propios movimientos. Su cabeza no piensa, ni esboza cursos de acción, apenas percibe el suave ardor de los alambres puntiagudos, mientras a unos metros del alambrado los vehículos atraviesan la soledad. Pasan sin verla, o ven apenas la imagen fugaz de una oveja que permanece muy cerca de la ruta, en una inmovilidad sólo rota por gestos imperceptibles. Atrapada por el cuello al alambre de púas, oye la secuencia creciente y luego decreciente de los motores, quieta se queda y algo semejante al placer percibe cuando logra la quietud absoluta. Empieza a dolerle cuando se adormece, y así se despierta, y vuelven a nublarse sus ojos azules hasta que regresa el dolor que para ella no tiene nombre. No puede estimar la duración de la noche ni aspira al azar de alguien que atine a separar su cabeza del alambre.
 
 
 

LONJAS

manía por lo finísimo, esas
lonjas posibles a partir de
hojas filosas de velocidad 
 
carnes quemadas por el verdugo
que las asa en busca de una terneza
que sólo él llama confesiones 
 
cortes
exactos en las articulaciones
secciones de nervios
tendones abrumados por la hoja
trepanación del hueso
cartílagos, órganos que no ofrecen
resistencia
cuerpos al final son cuerpos helados
doloridos en la mesa del carnicero
apetitos despiertan
imaginación horror
sangre oscura que cae en forma de gotas
interminables
sobre otros
animales que lamen 
 
 
 

MI MADRE HIERATICA NO FUE 
 

el padre mío sí, cantaba tangos
en la oscura siembra.
Imaginaba París para cantar
como un uruguayo. 
 
Ah, los señores
que lo ungieron al arado. 
 
Hemos sido insensatos,
sedientos, santos de catedral destruida,
infancias pobres, gauchitos giles,
del amor aquél cruel que suscita
desastre,
pero no descarten el futuro
en esos imbéciles de genealogía,
yo mismo
el instrumento, los bueyes,
mi padre y yo. 
 
 
Derechos de autor reservados
Fuente: Espacio Hudson
 
(Fuente: Oscar Vicente Conde)

No hay comentarios:

Publicar un comentario