Mis palabras son espejos redondos, perfectos,
donde hierven y resbalan las imágenes.
Los dioses no me creen, los dioses no creen en nadie.
Octavio Armand.
Blanco sobre blanco
Borra también
la próxima palabra,
ésa que estás siempre
a punto de leer,
ésta no,
aquélla,
la que mancha a la página.
18 de septiembre 1983
Examen
¿Qué nos dices de la noche,
tú que llegas
regalando el brillo de la sangre?
¿Qué nos traes
en el halcón oscuro de la respiración,
tú que preguntas si esto es la vida?
¿Quién te espera
en el espejo?
¿Quién eres?
Yo también sé borrar
el ruido de la piel.
Mis palabras también
son un cielo escondido.
Nueva York, 26 de abril 1985
Autorretrato sin mí
En el espejo
descubro
— empañado, roto, solo —
el espacio sin lugar que ocupo.
Desde el centro del círculo
salto
hacia adentro.
Es ahí
donde ceremoniosamente
mascullo
mi oscuro inventario.
Relámpago y ceniza.
Sangre y abluciones.
Una mitad memoria
y otra olvido.
¿Cuál es cuál?
Nueva York, 10 de septiembre 1984
Hoy vi nacer una nube.
Siempre nos faltará un pedazo de luna.
Pongamos límites, hagamos un centro,
levantemos en todas las dimensiones nuestra casa.
Octavio Armand.
Las fronteras también son un ejército que puedes derrotar.
La ciudad soñada como infinito
es una geometría a la deriva, un muelle que no termina nunca.
Octavio Armand.
Para César las fronteras son un ejército enemigo,
una cantidad que los dioses le deben.
Para nosotros la expansión es la muerte del espacio.
Al franquear los límites
no paladeamos el sabor de un crecimiento
sino el resabio de una reducción.
Octavio Armand.
Otra poética
El ojo que mira,
¿qué mira?
La palabra que dice,
¿qué dice?
¿Adiós a dios?
Me baño en un espejo:
el cuerpo es un color
y la distancia otro.
Con letras negras:
hojas verdes.
Con letras negras:
labios rojos
como los tuyos.
Me escondo en tu respiración.
Afilo un cernícalo
hasta que vuela
y quemo la página que lees
con tus ojos que también quemo,
tus ojos negros como letras.
Tú y yo
beberemos juntos
largos sorbos
de un agua más cristalina
que la ausencia.
En una línea final serpenteante
un agua seca que sacia y no sacia.
2 de marzo 1982
la poesía es una glosa muda del relámpago.
Herida de luz, sombra de luz,
relámpago que nunca cicatriza.
Octavio Armand.
Aldaba
Con el cielo entre dos hojas.
Con las mitades de una despedida.
Con la más simple escasez.
Así levantarás cuatro paredes.
Así harás tu casa.
Nueva York, 27 de julio 1984
Silueta
Los pasos que me repartieron por el mundo
conocen mi sombra.
Las cicatrices que dejé sobre la tierra
— tan leves, casi ajenas —
la conocen bien.
Tu voz, tu corazón que no me aprieta,
tus pequeños labios escondidos,
saben de ella más que yo.
Mucho más que yo.
27 de diciembre 1982
Así sea
Una piel
arrimándose
al sol que la quema.
Unos ojos
colgando estrellas
en los gajos del olmo.
Un corazón
roto como una piedra
contra otro corazón.
25 de agosto 1983
Pira bautismal
See sun, and think shadow.
Louis Zukofsky
En el filo de la llama
siembro los nombres del fuego.
Un segundo dura apenas un siglo.
El tiempo se astilla,
se parte, se desgrana:
hora dada, hora horada,
casi dura y nunca cesa.
Vivir es la semilla
de un árbol de semillas.
¿Cómo se llama
la llama que nos quema?
El tiempo crece
y se hace añicos,
se rompe, se derrama:
hora horada, horadada,
nunca dura y casi cesa.
Vivir es la semilla
de un árbol de semillas.
En el filo de la llama .
arden los nombres del fuego.
Nueva York, 10 de septiembre 1984
Está escrito que los que no tienen futuro
no pueden conocer su futuro.
Por piedad los que no tienen futuro no pueden conocer su futuro.
Pero tú no eres un desheredado, tú tienes futuro,
tú ya sólo tienes futuro.
Octavio Armand.
Cuchillo tairona
Me reconocerán entre los muertos,
luego entre los vivos.
Si soy, soy una duda.
Sólo cuento con mi sombra y mi palabra.
He creído en un dios todopoderoso que quizá no exista
y en su único hijo, lo mejor de cada uno de nosotros.
He creído en la casa, allí el viento guarda sus raíces
y se cierra para siempre un cuarto exacto,
pequeñísimo,
que parece un espejo.
He creído en la noche y sus soles,
su lenta oscuridad cabe en dos ojos
o en dos cuerpos reunidos como mitades rotas.
Creo en la belleza, ese relámpago de formas;
creo en las cicatrices que llamamos música, pintura, poema;
en el cielo, mucho más azul cuando lo mancha un pájaro;
y en la amistad, que tiene de artesanía y de misterio.
Hay quien al dar la mano la regala
y hay quien sabe recibir una mano regalada.
Yo conozco a alguien así.
Digamos que eso es la amistad.
El filo de la forma y un tajo hacia arriba.
De repente, hacia arriba.
Caracas, 16 de junio 1984
Caja
Jamás escribiré esta línea
Así comienza el poema
Arde
En el ojo de la aguja
Un paisaje
Transparente
Y redondo
Fuego la tierra
Fuego el aire
Fuego el agua
Cuerpo
A cuerpo
Suma de mitades rotas
Fuego dice la luz
Fuego repite la sombra
Soma
Sima
La hora
Ahora
Instante único
Siempre
Mutante ceremonia inmutable
Aboliciones
Abalorios
Si te miro
Manchas con sangre
Mi sangre
Tu corazón sabe a palabra
Si relinchas
Lo escupo
Si aúllas
Lo muerdo
Siempre lo cargo en la boca
Callo
Cuando late
Late
Si te llamo
Si llamo
Con tu nombre
A la otra
El sentido
Lo sentido
Ni más ni menos
Siempre más
Y menos
Demasiado menos
Abrir
Es oscuro
La superficie
Es el lugar
Donde la luz
Tiene lugar
Contra el párpado
Contra el olvido
Contra la memoria
Contra la mano
Disuelta
Al escribir la mano
Contra la palabra
Que tus ojos borran
La palabra escrita
Que nos sirve
No sirve
Contra ésta
Que
Ahora mismo
Flota
Entre
La sensación
Fugaz
Y el sentido
Vertiginoso precario
Falaz
Nulo
La palabra leída
Que no sirve
Nos sirve
Abrir
Es oscuro
En sima
Pichón de flores
En cima
Racimo de gorrión
Encima
El gavilán nace relámpago
Y otro pájaro encina
Aquí te nombro
Aquí te escondo en tu nombre
Te llamo llama
Te llamas llama
¿Qué más quemas?
Busco mi lengua
En el espejo
Con una mano
Llena de bulla
Arde
En el ojo de la aguja
Un paisaje
Eres una piedra
Que acaba de nacer
Dame tus piernas
Yo camino
Dame tus ojos
Yo veo
Dame la lengua
Digo
En el cielo de la boca
Aquí te nombro
Aquí te escondo en un color
En una forma
En un sonido
Transparente
Y redondo
Tu desnudez me queda bien
Tú prometes un infierno mejor
Te trazo y te destrozo
Te borro y te dibujo
En el lugar
Donde la luz
Tiene lugar
Las líneas de mi mano
Son las líneas de tu mano
Lees
Lo que tus ojos
Escriben
Así comienza el poema
4 de octubre 1983
Octavio Armand.
Poemas del libro Origami (FUNDARTE-1987).

(Fuente: Vomité un conejito)
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