lunes, 18 de octubre de 2021

Günter Eich (Alemania, 1907-1972)

 


 

 

MENSAJE DE LA LLUVIA

 

Noticias, destinadas para mí,

tamborileadas de lluvia en lluvia,

de empizarrado a tejado,

introducidas como una enfermedad,

mercancía de contrabando, entregada

a quien no la desea tener.

Detrás de la pared resuena la ventana de hojalata,

letras crepitantes que se juntan,

y la lluvia habla

en el idioma que yo creía

que nadie conocería fuera de mí –

Consternado me llegan

los mensajes de la pobreza

y los mensajes del reproche.

Me molesta que estén dirigidos a mí,

Puesto que me siento sin culpa.

Lo digo en voz alta

que no temo a la lluvia y sus acusaciones,

ni tampoco a aquel me las envío.

Cuando llegue mi hora

yo saldré y le daré mi respuesta.

 

 

INVENTARIO

 

Este es mi gorro,

este es mi abrigo,

aquí tengo mis avíos de afeitar

en el bolso de hilo.

Caja de conserva:

mi plato, mi vaso;

en la hojalata

he rasguñado mi nombre.

Rasguñado aquí con esta

preciosa uña

que escondo

ante ojos codiciosos.

En el saco de pan hay

un par de calcetines de lana

y otras cosas que

me callo,

así vale como almohada

para mi cabeza de noche.

El cartón está aquí,

entre mi cuerpo y la tierra.

La mina del lápiz

es lo que más quiero:

de día me escribe versos

que imaginé de noche.

Esta es mi agenda,

esta la lona de mi tienda de campaña,

esta es mi toalla,

este es mi cordón.

 

 

GEISENHAUSEN

 

La hierba en la cornisa de la torre

tiembla ante la campanada.

Las alas de las choyas me dividen

el cielo y el día.

Así se vuelven campanas y pájaros

mi espacio y mi tiempo.

La pareja de bueyes en el fondo

lleva a la eternidad madera.

La aguja de la torre se acelera

bajo el peso de las choyas.

Los pájaros sobre los tejados

no temen juicio alguno.

 

 

DE NOCHE

 

Oír de noche lo que nunca ha sido oído:

el centésimo nombre de Alá,

el jamás anotado sonido de timbal

cuando murió Mozart,

percibidos diálogos en el claustro materno.

 

 

TUS DÍAS

 

Tus días andan descarriados.

Tus noches están llenas de estrellas desérticas.

Siempre vienen centenares de pensamientos,

siempre se van centenares de pensamientos.

¿Te acuerdas aún?

Antaño eras

sólo una barca en un río verde,

antaño tenías los pies de un árbol

y estabas anclado en el puerto de la tierra.

Debes volverte allí,

sorber la vieja lluvia y hacer que nazcan hojas.

Tus pasos se precipitan demasiado,

tus palabras, tu cara te hace vulgar.

Debes volverte mudo, leve.

Ser un mosquito, una ráfaga de viento, un lirio.

 

 

EL HOMBRE DE LA CHAQUETA AZUL

 

El hombre de la chaqueta azul

que regresa a su casa con la azada al hombro

lo veo detrás del seto del jardín.

Así regresaban por las tardes en Canaán,

así regresaban de los arrozales en Birmania,

de los campos de patatas de Mecklenburgo,

regresaban de los viñedos de Borgoña y de los /jardines californianos.

Cuando la lámpara se enciende tras ventanas /empañadas,

les envidio su felicidad que no debo compartir,

la tarde patriarcal

con olor a fogón, a ropa de niños, a modestia.

El hombre de la chaqueta azul regresa a su casa.

La azada que lleva al hombro

parece, al caer la noche, un fusil. 

 

 

        Traducciones de HANS LEOPOLD DAVI

EL ORIGINAL DE LOS POEMAS SE ENCUENTRA EN “AUSGEW AHLTE GEDICHTE”,  SUHRKAMP-VERLAG, FRANCFORT, 1960.

Humboldt. Berlín. Nro 40. 1969. Pág. 11.

 

(Fuente: La Mecánica Celeste)

 

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