Las 4 de una tarde de invierno
.
Un ángel de un ya más pálido diamante
hace casi terrible la luz.
Por qué?
Qué tiene la afilada
alegría de la luz
sobre los pastos
y sobre el agua?
Una secreta sombra de tiempo
hace tan frágil,
y sin embargo
tan aguda la luz, con frío, ay, con frío?
.
Me aflige, amigos, el frío de la niña de diamante
que quisiera danzar sobre el verde y la onda,
y un no sé qué de filos la cortan en el aire
y un no sé qué de acetos le azulan todo el río.
Pero ya conozco al ángel de esta hora y lo miro de frente
para saber si en su horror de vidrio que palidece
ah, con qué rapidez a un insensible soplo,
hay ahora una sombra helada sobre ramas escasas o apagadas,
y está ese frío de muerte—no es de fuego, por Dios, ahora
la muerte?—
que parece cortar el aliento del planeta.
.
En torno al fuego de la alegría, amigos, hagamos una rueda,
a pesar de los ángeles de vidrio y del dolor y de la muerte,
y a pesar, ay, a pesar de las agujas del desvelo sobre tanta
criatura sin abrigo:
subirá mañana Septiembre de las quintas y mañana el
amanecer será un vuelo para todos.
(Fuente: Basta de texto)
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