La
tecnología nos impide imaginar, y la sociedad tecnológica ha logrado
que no se vea la violencia entre nosotros, no existe, la niega. Esta
sociedad en favor del progreso está todo el tiempo afirmando un
positivismo mentiroso. Niega esa oscuridad que es inherente a toda
sociedad, a todo ser humano.
(...)
Fuimos
seducidos por la llegada de las técnicas informáticas, porque nunca nos
habíamos sentido tan informados, nunca habíamos visto tantas imágenes,
escuchado tanta música; entonces, por qué oponernos a lo que parecía una
democratización cultural. En realidad era lo contrario, me pareció que
era una nueva forma de censura que no descansaba en la prohibición ni en
la falta de información, sino en el exceso y nos impedía tomar esa
distancia necesaria que requerimos tanto para pensar como para soñar.
(...)
Trata
de encontrar soluciones y respuestas utilizando un poco todo lo que
tenemos a la mano, todas las herramientas posibles como lo hace un
trabajador, un carpintero o un cerrajero.
sobre la presentación del libro Del exceso de realidad, Fondo de Cultura Económica, 2006
Leído en LA JORNADA
¿Hasta
cuándo consentiremos en no ver que la violencia del dinero persigue
acabar con nuestro mundo sensible, para hacernos olvidar lo esencial, la
búsqueda apasionada e indispensable de lo que no tiene precio?»; es una
guerra feroz en «… donde la menor manifestación de lo que no tiene
precio ha de ser neutralizada de inmediato, cuando no subvertida,
pervertida o, simplemente, aniquilada.
Traducción y prólogo de Lydia Vázquez Jiménez
(Fuente: Emma Gunst)
No hay comentarios:
Publicar un comentario