HE HEREDADO LA ESPERANZA
(Este poema da nombre a un libro (1963-1967) y fue emblemático en un tiempo de lucha y pesadumbres para nuestro país).
He heredado la esperanza de los abuelos
y la paciencia de los padres.
Y de los dos, las palabras
de la cuales ahora me sirvo
para hablaros.
Me han dicho que el nacimiento me da derechos
inviolables.
Pero yo soy miedoso y siempre me siento
un poco alicorto y solitario.
Vivo en un pueblo pequeño,
en un país pequeño
y, sin embargo, quiero que quede bien claro
que esto que escribo lo escribo para todo el mundo,
y que para mí es como si el mundo entero
girase en torno al eje de mis poemas.
Deambulo a solas por las calles en silencio
y cada atardecer escucho el canto de las sirenas
desde la azotea de mi casa.
TU SOLEDAD
En tanto puedas, pues, no malbarates
tu soledad dedicándola a una absurda
búsqueda de la nada ni te persigas
tozudamente por corredores oscuros,
atemorizado por la luz de los preceptos.
Sal a pleno sol y fíjate
en cosas duras. Piensa
que el juego desmesurado de las palabras
no te servirá de nada si no lo apoyas
sobre aquello que te envuelve. Hay las piedras
y los árboles y la gente y tantas cosas
que puedes tocar con las manos! Que no te des cuenta
algún día, con espanto, que los años te pasan
y te mueves sólo entorno de tu sombra.
AHORA TE PIENSO
Ahora te pienso ―tan lejos!―
y te invento una pose
expectante para que me llenes
este vacío de la tarde.
Cada palabra es un mundo
con ríos y mares y pueblos,
o un cristal quebradizo,
o una habitación en silencio.
¡Que lento es el paso del tiempo!
Que pesada la vieja
soledad y que próximos
tus ojos, cuando te invento
una pose expectante
para que me llenes la tarde.
Si fueses tierra crecería en ti
y daría frutos de una rara dulzura,
sería fiel a los caminos que te surcan la piel
y a los ríos secretos que te atraviesan la entraña.
Si fueras mar pediría prestado el viento
para desvelarte remotísimos ecos.
Si fueras lluvia te recibiría todo desnudo.
Si fueras bosque amaría la sombra.
Solo te tengo a ti. Cobardemente
te invoco en plena noche con las mismas
palabras que tiempo ha. La luna es amarilla
y me chupa el tuétano de los huesos. Tú regresas
como un recuerdo de mi mismo y me caen
de los dedos a tierra, lentamente, los restos
del tiempo caduco que he vivido sin vivir.
Ahora es la hora encarnada de los guerreros.
Marca la cera nueva con dedos lentísimos.
Tiéndete en el suelo, acógeme.
Sin tu fuego ningún fuego me vivifica.
Retorno a tú y los pasos me resuenan
como si inventara caminos por dentro de un claustro.
Del libro Llibre sense títol (1970-1971).
METAMORFOSIS – I
De tanto en cuanto la muerte y yo somos uno,
comemos el pan de la misma rebanada,
bebemos el vino de la misma copa
y compartimos amigablemente las horas
sin decir nada, leyendo el mismo libro.
De tanto en cuanto la muerte, mi muerte,
se me hace presente cuando estoy solo en casa.
Entonces hablamos tranquilamente
de lo que pasa por el mundo y de las chicas
que ya no puedo haber. Tranquilamente
hablamos la muerte y yo de estas cosas.
De tanto en cuanto, sólo de tanto en cuanto,
es la muerte quien escribe mis poemas
y me los lee, mientras yo hago de muerto
y lo escucho en silencio, que es tal como
quiero que escuche la muerte cuando yo leo.
De tanto en cuanto la muerte y yo somos uno,
mi muerte y yo somos uno, y el tiempo
se deshoja lentamente y lo compartimos,
la muerte y yo, sin hacer ascos,
Dignamente, que diríamos para entendernos.
Después las cosas vuelven a su lugar
y cada cual reemprende su camino.
Del libro Quadern de vacances (1975).
(Fuente: Círculo de poesía)
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