FÉRTIL
Martes 8 de septiembre de 2015
De los treinta años que tengo llevo veinte de fertilidad.
Un total de doscientos cuarenta óvulos.
Menos tres hijos.
Vi doscientas treinta y siete veces una parte de mi cuerpo irse por un inodoro
o estancada en un algodón en un tacho de basura.
A mí me llegó tarde.
A los dieciocho recién cumplidos.
No tuve susto ni nada.
Mis amigas me lo habían anticipado desde la primaria.
Mi mamá no.
Ella nunca me dijo que un hijo era la unión de lo que yo veía caer
y una célula que el varón tenía o se sacaba.
A mí eso me sigue llamando la atención.
Los colores.
Rojo y blanco.
Cuando estoy con mis hijos los veo en rosa por definición fisiológica.
No me entra en la cabeza que un charquito
y un poquito de espuma los haya formado.
Esa unión es un paisaje en una cama.
En la que mi marido ya no duerme.
Si yo dibujo no me quiero separar.
No hay desechos.
Me siento una flor boreal.
(Fuente: Emma Gunst)
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