EPIDEMIA
De pequeña, le decían
"¡Mira las mariposas!"
y ella se sentía culpable
porque no había reparado en eso
sin que se lo dijeran.
Pero cuando miraba el cielo
a propósito, buscando
un improbable batir de alas
(o la sombra suspendida)
ni un ave sin forma.
¡Tengo que estar atenta!
pensaba, con los ojos llenos de propósitos
muy abiertos. Y nada:
ni un temblor.
Ahora, se encerraba en su cuarto
con el miedo a una palabra
extraña. Curiosamente,
le decían lo mismo
"¡Mira las mariposas!"
pero ahora como si le dijeran:
ten cuidado.
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en “La ciudad líquida y otras texturas”, Sequitur, Madrid, 2010. Trad. del portugués de Luis González Platón
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