lunes, 15 de junio de 2020

Enriqueta Ochoa (México, 1928 - 2008)



RETORNO DE ELECTRA

I

Para poder hablar,
así, de frente,
tuve que echarme toda una vida
a llorar sobre tus huesos.
Tuve que descansar lo caminado
desnudando la piel de mi conciencia.
Para poder hablar
tuve que volver a llenarme de aire
los pulmones.
Y cuidar de que no se me encogieran las palabras,
el corazón, los ojos,
porque aún se me deshacen de agua
si te nombro.
Ya me creció la voz, padre, patriarca,
viejo de barba azul y ojos de plomo;
ya te puedo contar lo que ha pasado
desde que tú te fuiste. 
Con tu muerte se quebrantaron todos los
cimientos;
no me atreví a buscar,
porque no habría
un roble con tu sombra y tu medida
que me cubriera de la llaga de sol en mi
verano.
Uní la sangre que me diste a otra sangre;
malherida
borré la sombra del sexo entre los hombres 
y me quedé vacía a la intemperie...
Y no pude decir,
hasta que se hizo carne de mi carne el amor,
lo que era hallar la propia sombra,
entregándose.
Después quise ubicarte en mí, te pesé,
te ultrajé, te lloré, medí tus actos;
di vuelta atrás,
y volví a caminar lo desandado;
por eso puedo hablarte ahora, así,
porque entendí tu medida de gigante. 
 

(...)
(fragmento, Retorno de Electra, 11I. 1-13)



(Fuente: Emma Gunst)

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