Las sirenas
Ninguno ha conocido la lengua en la que cantan las sirenas y pocos los que acaso, al oír algún canto a medianoche (No en el mar, tierra adentro, entre las aguas De un lago), creyeron ver a una friolenta y triste surgir como fantasma y entonarles Aquella canción misma que resistiera Ulises. Cuando la noche acaba y tiempo ya no hay A cuanto se esperó en las horas de un día, Vuelven los que las vieron; mas la canción quedaba, Filtro, poción de lágrimas, embebida en su espíritu, y sentían en sí con resonancia honda El encanto en el canto de la sirena envejecida. Escuchado tan bien y con pasión tanta oído, Ya no eran los mismos y otro vivir buscaron, Posesos por el filtro que enfebreció su sangre. ¿Una sola canción puede cambiar así una vida? El canto había cesado, las sirenas callado, y sus ecos. El que una vez las oye viudo y desolado queda para siempre.
(Ramón Gaya, 1932)
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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