Se vende un país.
Tiene muchas puertas y ventanas de espuma.
Calles adoquinadas y con espacios limpios
de humanidad.
Tiene aún un poco de azul
y un amarillo todavía salvable.
Se vende con todas las doctrinas
y sus héroes escogidos.
Con sus playas domésticas y sus playas de exquisita arena para visitantes.
Tiene un patio reservado para la gente peligrosa, para los amigos que sufren la timidez de las asambleas,
para la gente de paso.
Hay en sus campos tumbas vacías, usables,
en buen estado para los muertos venideros.
Se vende con un clima estupendo para el que pretenda quedarse por mucho tiempo
a cantar o escribir crónicas de viajes al centro
de las provincias...
Se vende un país.
Tiene madres de fango y madres con los ojos secos de vida por el abandono.
Tiene hijos lejanos y muchos niños perdidos.
Tiene además en buen estado la noche,
la mañana a veces se hace rígida y la tarde aún resiste el peso del hombre bueno y del miliciano.
Se vende, con todos los cristales dispares por la falta de lágrimas.
Se vende un país a buen precio.
El trato será presencial.
No acepto transferencias ni oros proscritos.
Si lo quieres tendrás que abrazarme y luego, con algunos cadáver para amenizar, hablamos de negocios y cerramos el trato.
/ Del muro de Isla Ebria (Fuente: Daniel Quintero)
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