
LECCIÓN DEL MUNDO
altura
y este el lucero y esta la mañana
y esta la rosa y ésta la manzana
y esta la madre para la ternura.
Y esta la abeja para la
dulzura
y este el cordero de la tibia lana
y estos: la nieve de blancura vana
y el surtidor de líquida hermosura.
Y esta la espiga que nos da
la harina
y esta la luz para la mariposa
y esta la tarde donde el ave trina.
Te pongo en posesión de
cada cosa,
callándote tal vez que está la espina
más cerca del dolor que de la rosa.
LAS ISLAS DE TU IMÁGEN
¿Vuelves a mí tal vez?
Dejemos el dolor,
vámonos a pasear por tus retratos.
¡Cómo hay allí de azules!
Cielos de azules claros
que fueron con nosotros de la mano.
Vientos que no se ven y te despeinan.
Carreras detenidas en el aire
te suben los vestidos.
Y mi gozo
temblando en los azules, en tu pelo,
en la sombra de ti,
sobre las piedras
mientras tú las pisabas.
Las horas se quedaron sorprendidas
como en relojes muertos.
Como vuelos de pájaros sin alas,
como un amor delante de mujeres
que no existieran nunca. Se quedaron
echadas cara al cielo
en mi álbum de estampillas de las islas
borradas de tu imagen.
Todo quedó allí quieto:
el movimiento
desertó de su fin.
El columpio en el aire bien pudiera
sin momento de apoyo ni llegada
devolverse al cenit de tu capricho.
La cinta que me diste, ecuadora
la levedad del oro en tu cabeza.
Estos retratos tuyos te devuelven
en un itinerario de jardines,
de la rosa al botón,
y quedas niña,
con tu verdad primera,
con tus trajes de holán adolescente,
con tu dolor negándose a venir.
¿Vuelves a mí tal vez?
Dejemos el dolor,
vámonos a pasear por tus retratos.
¡Estos retratos tuyos!
Los de ver con los ojos,
los que tienen tamaño y se colocan
en una extensión cierta entre dos vidrios,
como cruzando un cuerpo entre dos aires,
conciben el espacio sólo tuyo.
Aquel espacio,
que contuvo tu cuerpo una mañana
al moverte, quedaba enclarecido,
preciso, limitado, diferente,
y era extensión sin cuerpo en el espacio
ese claro dolor de no seguirte,
como claro dolor de no seguirlo
los vidrios sin retrato.
¿Vuelves a mí tal vez?
Dejemos el dolor,
vámonos a pasear por tus retratos.
El otro que atestigua que en el tiempo
fuiste potencia y acto
y rebelde a la gloria en que te vivo,
te muestra de dos años.
O el de vientos grumetes que te cercan
y de tus ojos verdes en el lago,
el del retrato aquel de las sirenas
sacado a la memoria de las barcas,
el de faldas veleras que te ciñen,
retrato de los lagos.
Este otro, el preferido, con su fondo
de silencios llamando,
con el tren que se va y el alma en tierra
al borde de las vidas como rieles;
el de lágrima al fondo, donde escala
el corazón el muro de los ojos,
el de la blusa clara
de telas primordiales que te llevan
y tu almita lavada de quince años.
Las horas se quedaron sorprendidas
como en relojes muertos.
Como vuelos de pájaros sin alas.
Como un amor delante de mujeres
que no existieran nunca. Se quedaron
echadas cara al cielo
en mi álbum de estampillas, de las islas,
borradas de tu imagen.
LA SOLEDAD
Siempre la soledad está
presente
donde estuvo la voz y fue la rosa,
en todo lo de ayer su pie se posa
y le ciñe su sombra dulcemente.
El recuerdo que está bajo
la frente
tuvo presencia. Fuente rumorosa
fue su paso en la tierra, cada cosa
lleva su soledad tras su corriente.
Es soledad la miel que dora
el seno
y soledad la boca que conoce
su entregado sabor de fruto pleno.
Cada instante que pasa, cada
roce
del bien apetecido, queda lleno
de soledad, al tránsito del goce.
(Fuente: Henderson Espinosa)
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