Los atestados siglos de la bomba
Lo que la humanidad podría hacer y lo que no, y el azar que nos salvó de elegir, que nos vino a proteger como si fuera un dios. ¿Cómo se llama este lugar en el que entramos? ¿Desesperanza? ¿Nosotros mismos? Ahora que podemos destruirnos a nosotros mismos vamos marchando adentro del refugio, los viejos y los jóvenes, de nuestros brazos y nuestras espaldas, y entramos al país que es impenetrablemente nuestro.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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