Cinco poemas sobre poesía, 3
ESA TIERRA
Cantale al cielo abierto como
un pájaro, pero no hay pájaro
que sea un hombre:
como los dedos
de ese legionario
agarrándole el hombro, las certezas
del lugar
y del tiempo
lo retenían, me parece a mí,
con el castigo y el terror trivial
del hierro, que tal vez
no haya dejado dudas ni esperanzas.
Por nuestra parte, el hierro
nos enseñó a dudar; y la esperanza
la aprendimos de la muerte. De esa forma, si un hombre
viviese eternamente, podría sobrevivir
a la esperanza. Yo me imagino el cielo abierto
sobre Getsemaní.
Seguro era este cielo. (Los poemas de esta semana son para Bruno Montané Krebs)
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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