ANTIPOEMAS
Las cosas se han cansado de que las movamos
y ahora quieren contemplarnos, movernos y vivir.
CARBÓN MINERO
En la entrada
del socavón
late la bomba
ahogándose de profundidad.
Las cañerías
arterioescleróticas
se van paralizando
de oxidaciones
y de herrumbres.
La lumbrera
vomita hombres
con luces en los frentes
que caminan
mientras reculan
las calles
en cuesta
queriéndolos jalar.
Curvados torsos
calafateados
de ácidos y grasas
tortuguean
llevando sobre sus hombros
un peso cuaternario
de galerías.
Bajo luces fijas
y ojos que se clavan
la osamenta del destino
rueda sus senas y sus ases
buscando
la carne de promesas
que le arrancarán
nuestros caninos
hambrientos.
ACUARELA
Los árboles,
cansados de caminar contra el río,
se han detenido
a refrescarse los pies en el agua.
La casita,
hastiada de no salir nunca,
se apelotona contra el bosque
como en un couch-corner,
se mira en el espejo
y coqueta de follajes
se arregla los bucles de la enredadera.
Y amigo el cerro
sube pata tapar al sol
que todo el día
nos abochornó
con la mirada fija de su pupila de cobre.
EXPERIENCIA
Las cosas me han arrancado los ojos
para poder mirarme con ellos.
Asombradas de lo recóndito
me han cogido con sus manos
dentro de mí mismo
y me han dado vuelta
de revés,
como a una bolsa.
Mis entrañas
se han bañado de sol
y se han reído
de todos los cuervos.
Y ahora
aunque no tengo ojos
y estoy como todos los hombres,
me he quedado lleno,
hasta las fauces,
de luz.
Antipoemas (1927)
En: 9 libros vanguardistas (2001)
Prólogo de Mirko Lauer
Lima: Agencia Española de Cooperación Internacional / Ediciones El Virrey, 2001, pp. 143-144, 144 y 151-152
(Fuente: Óscar Limache)
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