No debería el poema meterse con la historia
pero la historia se metió con el poema
desde entonces, es decir con el hombre
que escribe poesía y ya no puede
renunciar a ella, a escribirla.
Como si la poesía estuviera ahí
para ser escrita siempre, puesta en poema
como un sol, una mesa, un huevo. Y la historia
-no la de la poesía, que no puede ponerse-
arreando el sol, arreando mesa, arreando
huevo, arreándolo todo
como ganado, para ella.
(Fuente: Gabriel Pantoja)
No hay comentarios:
Publicar un comentario