domingo, 16 de noviembre de 2025

Beltrán Martínez (Uruguay, 1915)

 

 

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DESPEDIDA A LAS NIEBLAS

 

“A Luis Gil Salguero, Leonardo Castellanos
Balparda y Francisco Espínola”
Lejano de los bosques donde antaño viviera,
la canción escuchada bajo cielos de armiño,
llena el aire encendido.
El caballo y el perro que tuve siendo niño,
y todavía siguen vigilando mis sueños,
contemplan, conmovidos,
aquel ser que se acerca nostálgico a la tumba.
 
Una casa y un árbol inmemoriales,
bajo un día tranquilo.
El padre estaba alegre, trabajaba y reía,
mi abuelo me saluda desde un día sin nubes.
Entre un cielo invadido por lentos desengaños,
mi corazón en paz, rodeado de peligros,
divisa aún la ruta celeste de la infancia.
 
Palabras olvidadas, tallos de aéreos giros...
Y mientras que atesoro fugas de un tiempo inmenso,
mi locura persigue una flor amarilla,
huyendo entre suspiros.
Hijo del humo vano, peregrino entre nieblas,
hoy regreso a los sueños humilde caminante,
y lo vivido escribo sobre la instable arena.
 
Se aproximan los bosques suspirantes y graves
de saudosa madera,
juntos, la muerte gris, y el vivo pensamiento
que extáticas corolas arrobado contempla.
Me aguarda mi caballo dulcemente paciendo
una mágica hierba,
y el perro fiel me llega sobre gozosa espuma.
Bajo la noche azul, los grillos de otro tiempo,
a lo lejos, cantando ebrios de luna. 
 
 
Poema perteneciente al libro “Despedida a las Nieblas”, publicado en 1939. Ha vuelto a aparecer en antologías y recordatorios de la obra de este autor, como “36 años de poesía uruguaya” (antología preparada por Alejandro Paternain, Editorial Alfa, 1967), y la revista Cuadernos de Granaldea Nº 4 (octubre de 1981).
 
 
 
BELTRAN MARTINEZ nació en 1915. Publicó apenas dos libros de poesía, separados por casi veinte años: Despedida a las Nieblas (1939) y Los pasos por la estrella (1957). Luego, su voz tan original entró en un cono de silencio que se iba a extender hasta su muerte. Sin embargo, por un puñado de textos notables del primero –que se difundieron en forma reiterada a través en antologías y publicaciones literarias– iba a ser considerado un poeta significativo por la crítica más alerta. La vitalidad de su obra lo volvería un autor "de culto" para escritores de las nuevas generaciones, que peregrinamos a conocerlo –en tiempos duros para el país, en mitad de los años setenta– una tarde de un cálido verano hasta su caserón de Punta Gorda, desde cuyo mirador Beltrán oteaba el horizonte marino que tanto amaba. Pocos años después fue entrevistado para la revista cultural Cuadernos de Granaldea. Y en los primeros años ochenta se exilió voluntariamente en Europa, retornando ya para morir. Por los poemas que siguen, y algunos pocos más, conquistó en buena ley un lugar insoslayable en la historia de la poesía uruguaya.
A.M.
 
 
 
Imagen: Carátula de "Despedida a las nieblas", primer libro de Beltrán Martínez.
 

(Fuente: Alejandro Daniel Michelena) 

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