Para honrar la verdad que es tersa divina y vive entre los dioses debemos (con Platón) bailar con la mentira que vive ahí abajo entre las muchedumbres de los hombres trágicos y ásperos
Un mito es una trama enriquecida, una oferta engañosa, que le permite a alguien decir algo cuando está diciendo lo contrario, vivir una doble vida. De ahí la idea que aparece en la antigüedad de que los poetas son unos mentirosos. Y de las mentiras verdaderas de la poesía se empezó a filtrar una pregunta. ¿Qué es lo que conecta las palabras y las cosas? No hay mucha conexión, decidió mi marido y acto seguido usó el lenguaje como Homero dice que lo usan los dioses. Los dioses conocen todas las palabras de los hombres pero para ellos tienen otros significados totalmente distintos además de los nuestros. Suben o bajan la perilla según más les convenga. Mi marido mentía todo el tiempo. Plata, reuniones, amantes, dónde habían nacido sus padres, el negocio donde compraba las camisas, cómo se escribía su nombre. Mentía cuando no era necesario. Mentía cuando ni siquiera hacía falta. Mentía cuando sabía que los demás sabían que mentía. Mentía cuando les rompía el corazón. Mi corazón. El de ella. A veces me pregunto qué fue de ella. La primera. La primera infidelidad de un matrimonio tiene un filo muy nítido que quema. Taxis de acá para allá. Lágrimas. La pared agrietada por los golpes. La luz prendida a altas horas de la noche. No puedo vivir sin ella. Ella, la palabra que explota. La luz sigue prendida a la mañana.
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg-Dib
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