«Sed»
Atraviesa
el desierto y mientras camina transforma esa alegoría de la carencia
que es la sed en cuestión disputada de sentido, avidez nunca saciada de
un saber entendido como falta y no como asedio, la potencia que ha
impulsado todos los viajes a lo largo de la historia, los elegidos y los
impuestos, los reales y los imaginarios.
No
da por hecho, es un decir, que su promesa vale lo que pesa su mala
conciencia, y recuerda las paradojas que algunas metáforas —«tengo sed»,
«te doy mi palabra»— encierran al abrirse y desplegarse con un verbo de
posesión, tener, cuando lo que está indicando no es una tenencia
o una propiedad sino precisamente la privación o la poquedad de aquello
que desea (agua, vino, luz, compasión, belleza, conocimiento); al
reconocer, otras veces, que cuando da esa palabra, en realidad,
es ella quien lo entrega dejándolo indefenso, a la deriva, desnudo y sin
protección, roto como un muñeco de trapo abandonado desde hace
demasiado tiempo en el rincón más apartado y polvoriento de un desván.
en Sanar la herida. Poesía 1983-2025, 2025
Contribución a DscnTxt de Julio Espinosa Guerra
(Fuente: Descontexto)

No hay comentarios:
Publicar un comentario