17 DE OCTUBRE
donde el horizonte se fundía con la nada,
con salitre en la mejilla resecada
y una miel despavorida en la mirada
llegaron los descamisados.
Desde la fragua abierta cual granada de su sangre,
encajada en el molde de la muerte,
desde altos hornos pavorosos, crudo fuego enemigo,
con las uñas carcomidas
y el cabello chamuscado en cansancio secular,
sus mujeres desgreñadas por el hambre y sus crías
llegaron los descamisados.
Sin más arma que el gastado desaliento que en sus brazos se hizo hueco,
frente al río enchapado de alquitranes y petróleos,
solfatara de mil diablos expulsados,
del ansioso cielo antiguo de los pobres,
detenido en el asombro de su paso,
la pupila desbarrada en la angustia esperanzada
en un hombre que hace luz de la tiniebla,
que levanta todo aquello que se daba por perdido,
por perdido y para siempre,
llegaron
los descamisados.
en Pass de quatre, 1954
(Fuente: Guillermo Saavedra)
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