Poemas para no claudicar
CANCIÓN DEL ACRÓBATA
III
El mañana alzará su vuelo cambiando el horizonte
Allí levitaremos como en un bosque de heliotropos,
puede que para ese entonces almacenemos frases
en nuestra memoria.
Talvez ese mañana como una huella dactilar
marcará otro ritmo a nuestra existencia,
la mano yacerá expectante,
sobre nuestras cabezas una bandada de aves
iniciará un peregrinaje azul.
IV
Uno no sabe lo que le tiene deparado el destino, aunque a veces pueda intuirlo.
Sea cual fuere nuestro final nos asemejamos a los héroes de las termópilas.
Llevamos en nuestros ojos una mirada fatigada
más no vencida;
¡Es que la muerte no podrá borrar nuestra sombra!
ni se podrán callar las guerras
en las cuales estuvimos victoriosos muchas veces.
Somos los colosos de un sueño glorioso.
Aunque desconocido.
¿Y hemos triunfado!
Triunfamos porque simplemente no claudicamos.
Somos árbol, musgo, lodo.
Somos la sombra que susurra en el umbral,
el eco perdido entre los labios del abismo,
la semilla bajo la tierra estéril,
y también el brote que desafió la aridez,
el crisol,
la chispa que incendió sus propios miedos.
V
Tengo algo de vulgar de truhán y de acólito. Del mismo modo que quisiera exterminar, anhelo igualmente exorcizar.
En mi habitan el ángel y la bestia,
es por eso que deambulo sin más preámbulos
que mi propio miedo.
Tengo miedo de que la bestia que me habita
vea cumplido finalmente su sueño. En las noches escucho sus cánticos
en mis visiones de lujuria perversión hecatombes,
bramidos
y sangre.
Igualmente me habita el ángel. Su presencia es más sutil,
no por eso menos real, cuando no lo siento la bestia ocupa
su lugar;
en últimas, me he dado cuenta que vivo en medio de la batalla entre el ángel y la bestia.
Sé que el ángel con su aura azul y su rostro sereno, lucha
por salir victorioso,
pero la bestia es osada y persuasiva,
no puedo decidir quién ganará. Apuesto por ángel
más sé que la bestia apuesta por mí.
Probablemente la bestia es el mismo ángel transfigurado.
VIII
Sobre una cuerda floja
muevo mis manos, como un prodigioso acróbata.
Mis pies oscilan entre el firmamento y el vacío.
Intento crear, alcanzar, concluir, examinar
pero sigo balanceándome entre la certeza y la duda.
¿Cómo hago para contorsionar mi cuerpo sin dañarme?
¿Qué fue de ese algo que me hizo olvidar de aquel amor?
¿O del amor en su conjunto?
Tal vez fui un nómada persiguiendo sombras,
un alquimista extraviado en fórmulas imposibles.
Ahora, solo busco la respuesta en mis cicatrices,
en los ecos que deja la ausencia del tacto.
No espero a nadie. No busco a nadie.
XVII
Alguien me dio la mano cuando el infierno estaba ahí,
abrió ventanas de escape y me enseñó otras puertas
de entrada y de salida.
¿Acaso era esa la única opción?
A lo mejor esa nube que va
esa nube que emerge y
luego se esfuma soy yo,
o he sido yo porque en ultimas
presiento que soy un sufijo
desconectado,
una pieza sin enlace,
un fragmento que busca sentido
en un viento que todo lo desarma.
XIX
Te vivo, te sufro y te muero.
Te habito y te conozco.
Porque te respiro sé que estás ahí,
vaya donde vaya siempre nos vamos a encontrar
tú y yo y no de otro modo.
Te nombro entonces como un yo en mí
o como un tu adentro
ven entonces o mejor déjame llegarte.
Eres esa fuerza irresistible que cuando muero,
me alivia
me levanta
me sostiene
¿Cómo recompensarte?
FRAGMENTOS
VII
Eugenia Grandet se vistió de luto
con las manos ávidas de amor.
Renegados cuerpos insalubres
nubes que naufragan
gritos sordos de la gente.
X
He temblado
esta tarde de mayo.
Lucen agrietadas
las luces de los circos.
Los clowns representan
una escena solitaria.
El muchacho ofrenda su cuerpo
a la bruma de la noche.
Su trasero desnudo
cabalga las jornadas de Sodoma.
XV
Una anguila
en lo profundo del océano.
Una anguila solitaria
agitada por la brisa marina,
una sonata en los sentidos
de un músico sordo.
Alguien se aleja y nunca más
volverás a verle.
*
“La poesía no es una vía de escape. Es un regreso, es asombro, un viaje hacia adentro donde el silencio se vuelve audible y lo invisible nítido. Fractura lo mundano para revelar lo extraordinario, cada poema es la vez un espejo y un mapa, que guía, no solo a través de las palabras, sino a través de los paisajes dela existencia misma”.
Poemas para no claudicar. Medellín. Mauro Peña. 2025. Págs. 13, 15, 17, 23, 41, 45, 55, 58, 63.
(Fuente: La Mecánica Celeste )
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