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Apostilla
¡Aprovechar el tiempo!
Pero ¿qué es el tiempo, para que yo lo aproveche?
¡Aprovechar el tiempo!
Ningún día sin hilo...
El trabajo honrado y superior...
El trabajo a lo Virgilio, a lo Milton...
Pero ¡es tan difícil ser honrado o ser superior!
¡Es tan poco probable ser Milton o ser Virgilio!
¡Aprovechar el tiempo!
Sacar del alma los trozos necesarios –ni más ni menos–
para juntar con ellos los cubos necesarios
para formar los grabados justos de la historia
(justos también del lado de abajo, que no se ve...)
Poner las sensaciones en castillo de naipes, pobre China
de las veladas nocturnas,
y los pensamientos en dominó, igual contra igual,
y la voluntad en difícil carambola...
Imágenes de juegos o de solitarios o de pasatiempos,
Imágenes de la vida, imágenes de las vidas, Imagen de la Vida...
Verbalismo...
Sí, verbalismo...
¡Aprovechar el tiempo!
No tener ni un momento que el examen de conciencia desconozca...
No tener un acto indefinido ni artificial...
No tener un movimiento desconectado de propósitos...
Buenos modales del alma...
Elegancia de persistir...
¡Aprovechar el tiempo!
Mi corazón está cansado como un mendigo real.
Mi cerebro está listo como un fardo preparado y dejado en un rincón.
Mi canto (¡Verbalismo!) está como está y es triste.
¡Aprovechar el tiempo!
Desde que empecé a escribir han pasado cinco minutos.
¿Los he aprovechado o no?
Si no sé si los he aprovechado, ¿qué voy a saber de otros minutos?
(Pasajera que viajabas tanto en el mismo compartimento conmigo
de aquel tren suburbano,
¿te llegaste a interesar por mí?
¿Aproveché el tiempo mirándote?
¿Cuál fue el ritmo de nuestro sosiego en aquel tren andante?
¿Cuál fue el entendimiento que no llegamos a tener?
¿Qué vida hubo en esto? ¿Qué representó esto para la vida?)
¡Aprovechar el tiempo!
¡Ah, dejad que no aproveche nada!
¡Ni tiempo, ni ser, ni memoria de tiempo ni ser!
Dejad que sea una hoja de árbol, tildada de brisa,
polvo de camino, involuntario y solitario,
regato casual de las lluvias que se van terminando,
pliegue dejado en el camino por las ruedas mientras llegan otras,
la peonza del chaval, que se va a parar,
y que oscila, en ese mismo movimiento que la tierra,
y que se estremece, en ese mismo movimiento que el alma,
y que cae, como caen los dioses, en el suelo del destino.
[Álvaro de Campos, Obra Completa]
(Fuente: Fragmentos pessoanos)
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