miércoles, 22 de octubre de 2025

Ben Lerner (Topeka, Kansas, EEUU, 1979)

 

 

Las lectoras

El amor trajo al mundo a estas lectoras
Las estructuras huecas
de sus ojos se formaron
heredaron el color, y el amor
y el argumento deben desplegarse de otra manera
ahora que los ruidos del otro lado de la pared
pueden interpretarse, y una delicada

pero incesante presión recae
sobre la página. Le pagué a alguien para que las cuidara
y así darles forma a estas vocales y una 
tiene ocho y me pide todas
las noches que le lea lo que hice
en lo que ellas llaman mi oficina
tengo miedo

de que entiendan o de que no, de que vean
algo que no deberían
recordar cuando yo ya no esté, hay
que preservarlas de la voz que sólo 
es mía en parte. Son demasiado banales
mis oficinas, demasiado íntimas, no es un empleo
no puedo llevar a mis hijas al trabajo

ni traerlas
acá. Aprendieron a hacer una pausa
con el corte de verso, quieren saber si conocí
a Amanda Gorman, debatir
si tiene que rimar y qué es la rima
que es diferencia, segmentación, cómo a la caída del énfasis
no le hacemos caso. Así que tengo

dos cuadernos, en uno escribo
para ellas en la media
hora antes de buscarlas, y en éste hay un lugar
o no hay ningún lugar donde se parte
al medio. El deseo no pueden conocerlo
y lo conocerán, la sensación de falsa posición
con que me recompensan, esta casa, fantasía

que tuve a la edad de ella de que cambiaban
a mi papá por un hombre que se le parecía
es un cliché, las palabras
las caras intercambiables
del padre. Pero enseguida empiezan
a mezclarse borrosas en mi mente
porque la rima que mis hijas

exigían se extiende, como suele ocurrir con la diferencia
y la repetición. Así que leo del cuaderno equivocado
lo que estaba trabajando
y es esto, los cambios que hice
eran éstos, y el amor que entregué
fue recibido. Aunque no era ni juego ni canción
jugaron y cantaron
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib 



 

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