¿Cómo hacés para saber que querés tener hijes?
Melgard
Supongo que será como siempre pensé,
en mi ignorancia, que yo personalmente
prefiero la condena, mi cuerpo amedrentado
desde siempre, pero curioso, viva
la curiosidad, viva viva, transfigurada por el viaje
bizarro & por lo que se quema
cuando se reorganiza & después ser testigo,
vos cómo lo dirías, de la sintaxis
de otra persona que cuaja como nata
sobre la faz de la leche, uy mirá acá está el mar, qué tipo de persona
no sos vos, vos que sos obra mía, la ola medio ciega
de terror amoroso, el cráneo tibio
contra mi pecho, atado, condenado, esa
relación: ¿más mundo
o menos? Más
corriente tiburónica que marea
de pileta, menos convencimiento en sí que ese anhelo
bestial, ¿de qué, las manos llenas? ¿un reloj de arena
de forma más filosa? lecho
de roca, araña, telaraña,
pequeñas manifestaciones fosforescentes condenadas
de que esto es lo que hay, lo que me toca, etc., una conversación
que se olvida a sí misma todo el tiempo & cómo
fue que empezó y por qué, incluyendo
el sí o no & si no
el vacío & qué hacemos con el vacío & esperá qué
mundo & quién siquiera
me responde.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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