El primer efecto
es que las paredes
se vienen abajo,
un estrépito de silencio
da en tierra con el techo,
de tres generaciones
se hace añicos
mientras
la ley del espacio
y el mortal bípedo
no rige;
y el grillo
que no se oía
se oye
donde antes
no había cadáveres.
El segundo
sacudón
desportilla puertas y ventanas,
retuerce las cortinas,
parte la cama
y la cómoda,
abre las baldosas
y un hoyo
a la nada
engulle
los escombros
y me arrastra de los tobillos
y las patas.
Y sobreviene
lo seco y llano
de que todo termina
como esas fábulas
en que el cordero
se come al león
y no lo sabe.
La tercera movida
establece
que nada de esto es cierto,
pero tampoco verdad,
y la razón se encocora
y le echa culpas
al sentido común,
a veces reservado,
hostil otras,
y francamente inexistente.
Efigie de dioses,
prescripciones caprichosas,
imposición fallida,
creencias en vergüenza
sumergidas,
maiestas naturae
que está por verse
en esta recurrencia
de estornudos,
flema roja
y pasos cuasi seguros.
- Inédito -
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