ESTA ES LA HOJA...
Dino Campana
Esta es la hoja
que en la fronda de la tristeza densa
en Tierra de Bea, proclama en plátanos de la triste carretera,
en oros opulentos de las vides,
en robles cobrizos como arcilla estremecida,
el otoño, el otoño que se extiende como una sierpe
de luz tamizada,
aposentado el otoño en cada uno de mis dedos,
en cada uno de mis dedos como hojas
muertas y hermosamente capaces.
Esta es la soledad
en la que descanso la cabeza como en un edredón bordado
en amarillos maíces desteñidos
que en Tierra de Bea aguardan la ruina,
bien abiertos, estando los hórreos y los alpendres
bajo un querido sol elíptico.
Este es el esplendor
en el que puedo bañarme como un Dionisos
y reproducir la valiente destrucción de las hojas,
en Tierra de Bea,
en cada fatiga de mi pasar antiguo
por los brazos del terror y de la alegría.
Esta es la presencia
de la muerte coronada de laureles,
verde de prados de esmeralda, que entran
en mi pecho como en Valle de Bea
entran en el otoño pleno displicentes
y displicente estoy ante los matices
de la muerte, en este otoño que trae muerte
para mí en Bea.
ESTOY CON LA CABEZA CONTRA EL MURO...
Estoy con la cabeza contra el muro.
Me convoco a mí mismo como quien mira un pozo.
Vuelve un niño perdido
por calles de humo, por pasillos blancos,
trágico, con las mejillas tatuadas
y fuegos pequeñitos en cada dedo.
Vuelven tiempos erizo de rapiña y disparos,
de angustias decoradas por curas y trompetas,
estampas y desfiles. Y todo que se para.
Lucen asombros, se hacen estallidos, se redondean lomos,
y mamá me dice algo tremendamente piedra
ue me pone en mi sitio.
Retorna ahora el día de la ira, el tremendo momento
en que perdí los ojos y me hice azabache, cactus y piedra
alumbre.
Y me quedé en Ourense
mirando con horror este río del tiempo.
HE AQUÍ LA MANO ALARGADA...
He aquí la mano alargada en la
dirección del tiempo y los ojos reptando como
un río que discurre en amplios
anuncios de la final derrota en el
mar y he aquí la mano concentrada de
siempre, cerciorando la condición imposible
de cada cosa y he aquí los ojos que
capaces serían de poner punto final a la
dirección del tiempo y declaro formalmente que
cada intento de acercar la mano -he aquí
la mano tendida a ti ya vosotros- se ahoga en las
turbias aguas de mis vencidos
ojos, a la espera de una población más fiera
y alegre, y he aquí el fin del
vivir, tantos y tantos años retrasado.
(Fuente: Henderson Espinosa)
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