lunes, 18 de agosto de 2025

Miguel Grinberg (Buenos Aires, 1937 - 2022)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de 6 personas y barba 

 

 

ES MARAVILLOSO

 

Es maravilloso:
todos los grandes abanderados del Mundo Verde (ecológico),
todos los verborrágicos paladines de la sociedad sin fronteras,
todos los denunciadores y los pontificadores y los omnipotentes,
todos los descubridores de pajas y vigas en los ojos del prójimo,
todos los malabaristas y prestidigitadores y agudos panegiristas,
todos y más que todos los revolucionarios de la Gran Ortodoxia,
todos y más que todos los conservadores de la Suprema Verdad,
todos y nadie más que ellos en esta inequívoca mueca de enero,
se han cubierto de telas de araña y de pequeñas mordazas de humo,
nada tienen que agregar a su mascarada, un pequeño eructo tal vez,
oh maravillosos e insuperables simuladores de la luz que no brilla.
 
Es maravilloso:
nadie aparece a la hora de la siembra en las incomparables llanuras,
nadie se da por aludido cuando se trata de hacer lo que es necesario,
todos tienen un buen pretexto o una buena razón para desaparecer,
todos alegan que el mundo ostenta algunas situaciones complicadas,
y –claro está– por el momento no salen de sus cuevas y allí dormitan,
esperando que las arenas del siglo dejen de arremolinarse con furia.
 
Es maravilloso:
“por cada uno que enfila hacia la luz, hay diez mil empujando hacia
la sombra” (Fellini) y las piedras de Marte nunca hablan con extraños.
 
Es maravilloso:
el mundo recita sin cesar el poema de la transparencia interminable,
y ahora que las caretas conversan en el pabellón de las plumas mojadas
el universo clama a los gritos que un nuevo cielo se avecina sin prisa
en tanto la vieja Tierra se descascara y un ángel canta blues en mi patio.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

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