miércoles, 6 de agosto de 2025

Joaquín O. Gianuzzi (Buenos Aires, 1924-Campo Quijano, Salta, Argentina, 2004)

 

 


 

LA BATALLA 

 

La manada policial había bloqueado
las calles laterales. Una operación mental
tácticamente correcta y fría. Pero en el tumulto
vibraba un núcleo incandescente
donde se decidían las cosas con puños alzados,
alaridos, blasfemias y razones coléricas.
Volaron llamas, escupitajos, mamposterías,
vidrios pulverizados, bulones: el lenguaje
encarnado de gente que sabe lo que quiere
en tiempos miserables. La multitud onduló
jadeante y ciega al estallido del gas
y aunque condenada a una asfixia de lágrimas
perforó por un instante
el cerco de escudos y plástico reforzado.
Silbaron balas y el aire humoso
se astilló en la dispersión. La furia general
se concentró, vaciada en las tensadas cavidades
de cada rostro. En la cabeza de la nación
hubo un leve crujido, como si allá afuera
hubiera sucedido algo todavía desconocido.
Las pantallas de la televisión
dieron por apagada la escena. Había otros temas
que atender y desmentir el desorden:
allí donde al amor sólo le quedaban
falsas definiciones, pero también sospechando
cuántas mutaciones llegarían
a depender de aquella batalla perdida
en el recodo de una guerra interminable.
Después, montado en un aullido de sirenas,
llegó el Estado perfecto en auxilio de los muertos.
 


 
Vía Daniel Freidemberg
 
 
 

EL HOMBRE QUE SE ARROJÓ DEL SECTO PISO (fragmento)

 

Desde lo más alto para que no quedara duda
Cayó en la calle. Un fogonazo y tuvo
Completa muerte pública.
Un desconocido entre millones
Que de pronto conocimos terminado. [...]
 
 
 

CON APLICACIÓN DESGANADA

 

Perfeccioné un desorden a mi medida
En esta habitación, año tras año.
Ahora, lo único claro
Es que me llamo fulano de tal
(pero cada vez menos).
Por buscar sin esperanza
(así terminan estas cosas)
No encuentro nada en ningún sitio
Y de paso compruebo
Lo vulnerable que puede ser un lápiz
Antes de perderse. Me cansé
De recoger objetos
Que pensaban como muertos. La materia
Me es infiel. Y qué notable confusión
Es capaz de lograr el mundo
En un cuarto pequeño. Dejo caer mi mano
Y desaparece
Como agua sorbida desde la oscuridad.
*
 
En: Joaquín O. Gianuzzi. Buenos Aires, POESÍA COMPLETA, Ediciones del Dock
 

(Fuente: Alicia Silva Rey) 

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