NIEBLA
siente uno. Perdón que me repita
pero sigue sucediendo.
Niebla rodeada de montañas ahítas de lluvia. No hace frío,
no me explico el motivo.
Te oyes contento, dicen por ahí
y ah caray, no sabía que tuviera de qué.
Nubes blancas inmensas pasan encima en cámara rápida
y ya ves cómo alargan
y desgarran, cómo aprietan
y descienden y nos velan.
Y todo lo que representan, ya ves.
Me interno en el espinazo de la barranca.
Las laderas escurren agua como si
de ellas naciera, como una piel
que emana humedad de la sombra.
Corro las cortinas de la niebla a brazadas
en una búsqueda que nada espera en un mundo
desnudo, inclemente, irreconocible.
Mortaja, velo de novia, rebozo para acunar un niño,
pañuelo en la frente, mantel de maravillas,
camisa de fuerza, lienzo sumario de mil cuadros no revelados,
media luna, marca de agua, susurro en seda,
manta cribada por las agujas
de la gran hiladora.
Lo oculto, que es todo,
bestia nocturna y taimada,
se mueve y difumina pisadas
sin acechar ni ser acechada.
*
Foto: Jacint Pujol
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