
VISITACIONES
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La casa se fue dividiendo en porciones
como una tarta de limón
amarillo.
Abro una puerta y un niño de Jardín de Infantes
sale corriendo y gritando como un cerdito recién parido,
lo envuelvo en mi delantal, siento a través de la tela
su dentadura firme de galgo.
Bajo la ventana
que da a uno de los patios,
restos de cotillón encubren cyberadolescentes
abrazados como orquídeas
entre jugo de moras
y ortigas voluptuosas.
Trepo con ciertos nombres de hijxs en la boca.
Las agujas de la araucaria, ese pelaje por debajo de la corteza morada,
me destiñe.
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ASR
marzo 2021
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