REBOZO
–debe estar en algún lugar de su De rerum natura—
que hasta los objetos más nítidos suelen vestirse
con burlador rebozo para engañar a los simples mortales.
Cuánta razón tenía el hijo mejorado de Demócrito.
En efecto
muchos objetos emanan 𝙨𝙞𝙢𝙪𝙡𝙖𝙘𝙧𝙖 𝙚𝙞𝙙𝙚𝙡𝙤𝙨
que embrollan su percepción
los llevan a una condición aun más sutil que la habitual.
Y es que el corazón del hombre
en circunstancias medianas (que son las más)
está ciego al desarrollo ulterior de los objetos;
sólo intuye halos / procesos lejanos / relaciones superfluas.
El objeto en su plenitud manifiesta no es que no exista;
el propio mortal lo aleja cuando asume certezas volátiles
cuando emprende ejercicios de lo difuso.
El rebozo es también la ceguera fenoménica del humano.
Él no puede distanciarse de sí mismo no puede pensar
lo externo / lo extenso como un coto aislado de su mirada.
El humano pone el rebozo a las cosas
y con ese regalo inopinado las cosas se ocultan aun más.
Pero ese pobre humano --pese ello-- insiste
en pensarse centro de todo escenario vital
de todas las representaciones; baremo inobjetable
sin el cual todo saber es imposible toda acción un manotazo
en el abismo.
Y sin embargo las cosas…
[13 de julio 2023. 06:21 a.m.]
(Fuente: Lab De Poesía)
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