𝑨 𝑾𝒚𝒔𝒕𝒂𝒏 𝑯𝒖𝒈𝒉 𝑨𝒖𝒅𝒆𝒏
Vivía envuelto en niebla. Hizo poemas
sobre la situación fiscal de su país y las tasas
de interés criminales de los bancos ingleses.
de Westchester y a un mendigo de Bowery
con quienes bailaba al son de un tambor.
Quería morir pero no se animaba a suicidarse.
Todavía amo la vida oh oh oh -escribió- pero
cómo deseo que el buen Dios me lleve.
¿La obra obrando sobre una relación consigo
misma, ella como parte sustancial de una labor
que se centraba en su boca con su lenguaje
de pájaro? Decía que Brecht era su otro yo
y que lo amaba porque tocaba desde niño el laúd
y se decía comunista. Perseguía una especie
de perfección y amaba a los pájaros porque
sabían volar a través de olas de luz. Así como
escribía sobre las cosas escalofriantes que hacían
Hitler y Stalin, no dudó un instante en leer
a Hegel, Marx y Lenin. Desde los libros donde
se alojaban -confesó- ellos caminaron hasta su vida
como por el sendero de los sepulcros
para enseñarle que amor es la palabra que nunca
debe decirse en voz alta. Ah, Auden, ningún sol
logrará disipar la oscura oscuridad de las tinieblas
que hacen cruel el corazón de Londres y ciegan
la mente. Así describió a su país: paisajes apacibles
aterrados por la gramática capitalista. Ningún rostro
dichoso, nadie con alegría, todos con melancolía.
De él se supo que sus últimos días fueron
un infierno de indignidad alcohólica y sexual.
El lenguaje de los pájaros dice muy poca cosa de su vida.
¡Pero qué gran significado encierra! ¡Oh oh oh oh!
(Fuente: Alicia Silva Rey)
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