LA LIBERTAD ENTERRADA JUNTO A LAS CENIZAS. 2022.
(Fragmentos)
Yo gesticulo en la oscuridad.
Yo me desgarro en el silencio.
Yo me destrozo en la angustia.
Yo, ciego, estallo furiosamente
en esta terrible noche de acero.
Las manos a lo largo del muro.
Las manos atrapadas en el muro.
Palabras escritas en las paredes.
La humedad que roe mis huesos.
La muerte que me está buscando.
El dolor a lo largo del muro.
El día se arrastra deshuesado.
Las respiraciones en las celdas.
Dan máquina durante horas.
Submarino seco, submarino mojado.
La parrilla. Teléfono de campaña.
Sin cesar una y otra vez torturan.
No hay piedad ni súplica posible.
El árbol del martirio se levanta
sobre los cuerpos demolidos.
Yo estoy tirado en una celda.
Estoy masacrado en un campo.
Estoy en una sala de torturas.
Estoy esperando ser torturado.
No está en las grietas el muro.
No está en la piedra ni el hierro.
No está en las piedras partidas.
Está sumergido en la sangre.
Está dentro del cuerpo agredido.
Está en un grito aún por estallar.
A través de galerías desconocidas
como en los andenes de la muerte,
a través de los calabozos oscuros
como piedras que golpean el alma,
a través de las luces derramadas
que caen como una lenta agonía sucia
a través de las grietas de muro
que me rodean, que me aíslan:
yo tiemblo en la empuñadura
de la noche misma que me asila.
A través del cuerpo desesperado de la noche
yo atravieso las densas paredes del sueño.
Me arrastro entre cuerpos martirizados.
Y las heridas como fuegos me queman.
Y los puñales que atraviesan el pensamiento.
La noche con gritos y torturas.
Los gritos de los torturados
como mutilaciones sangrantes.
Los gritos de los torturadores
como muñones agónicos.
Me he arrastrado por galerías
entre cuerpos derrumbados.
He atravesado la oscuridad
y con las manos desgarradas
he alcanzado jadeante la grieta
para beber una gota de agua,
para lamer algo de la lejana luz.
Hasta allí he llegado en la noche.
Hasta la boca de la emboscada.
Hasta la línea del arrostramiento.
Yo atravieso los muros y paredes de la noche
sin poder alcanzar ni vislumbrar jamás al alba.
Yo atravieso el espesor de las sombras acuarteladas.
Hasta allí avanzo: hasta donde desertan los pájaros
y los perros acosan y estragan a los cuerpos heridos
que se arrastran jadeantes, martirizados, dolientes.
En los entretelones de la muerte me he abierto paso
para encontrar un árbol donde cuelgan los cuerpos
y me llaman voces cuando tengo apretados los dientes
y no hay alba sino la noche sin cuartel que se continúa.
(Fuente: Gilgamesh Poesía y Poéticas)
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